dibujos en el agua

jueves

 

JFK

"el pasado es prólogo"

"dedicada a los jóvenes
en cuyo espíritu la búsqueda de la verdad
sigue avanzando"



¿Quién llora la muerte de Lee Harvey Oswall? Enterrado en una tumba barata con el nombre de Oswald ¿. Nadie. En minutos circulan declaraciones falsas y filtraciones de la prensa sobre Oswald. Se crea la leyenda oficial y la prensa continúa la labor. El destello de las mentiras oficiales y el esplendor épico del funeral de JFK confunden las miradas y desconcierta el entendimiento. Hitler dijo: "Mientras más grande la mentira, más gente la creerá".
Lee Harvey Oswald, un loco solitario que quería llamar la atención y lo consiguió matando a un presidente fue solo el primer "cabeza de turco". Años después, Bobby Kennedy, Martin Luther King, hombres cuyos compromisos con los cambios y la paz los hacía peligrosos para los entregados a la guerra, caerían asesinados también por locos solitarios. Hombres que exculpan a todos haciendo del asesinato un acto solitario. Todos somos Hamlets en este país, hijos de un padre-lider asesinado y cuyos asesinos aún ocupan el trono.
El fantasma de John F. Kennedy nos enfrenta con el asesinato secreto del corazón del sueño americano. Nos obliga a preguntarnos: ¿ De qué esta hecha nuestra constitución? ¿ Qué valen nuestras vidas? ¿ Cuál es el futuro de una democracia en la que un presidente puede ser asesinado en circunstancias sospechosas mientras la maquinaria de la justicia apenas se tambalea? Cuántos asesinatos políticos más disfrazados de ataque al corazón, suicidios, cánceres o sobredosis? ¿Cuántos accidentes de coche y aviación habrá antes de que podamos desenmascararlos? . " La traición nunca prospera ", escribió un poeta inglés. "¿ Por qué razón ¿. Por que si prospera nadie osa llamarla traición." El pueblo todavía no ha visto la película Zapruder. ¿ Por qué? . El pueblo todavía no ha visto los rayos x ni las fotografías de la autopsia. ¿ Por qué? . Cientos de documentos podrían demostrar esta conspiración. ¿ Por qué el gobierno los esconde o los quema? . Cuano mi oficina o cualquier persona ha preguntado algo, o pedido pruebas, la respuesta de arriba siempre ha sido: seguridad nacional. ¿ Que clase de seguridad nacional tenemos si nos arrebatan a nuestros dirigentes? . ¿ Qué clase de seguridad nacional permite quitarle al pueblo su poder fundamental y autoriza la supremacía de un gobierno invisible en EE.UU? . A esa clase de seguridad nacional, cuando huele así y parece lo que es, se la llama por su nombre: ¡Fascismo!.
Sostengo que lo ocurrido el 22 de noviembre de 1963 fue un golpe de estado. Su consecuencia más directa y trágica fue la anulación de la decisión de Kennedy de retirarse de Vietnam.
La guerra es el mayor negocio de este país, con 80 mil millones de dólares al año. El presidente Kennedy fue asesinado por una conspiración planeada a los más altos niveles de nuestro gobierno, llevada a cabo por combatientes fanáticos de la Guerra Fría del Pentágono y el aparato de operaciones encubiertas de la CIA. Entre ellos, Clay Shaw, aquí presente. Fue una ejecución pública, encubierta por personas de ideas afines de la policía de Dallas, el servicio secreto, el FBI y la Casa Blanca, entre ellos J. Edgar Hoover y Lyndon Johnson, que fueron cómplices después del asesinato. El asesinato redujo al presidente a un dirigente de paso. Su misión consiste en hablar lo máximo posible del deseo de paz de esta nación, mientras actúa como agente en el Congreso para los militares y sus contrabandistas.
Hay gente que dice que estoy loco. Una caricatura de sureño que quiere medrar. Hay una manera muy sencilla de determinar si estoy paranoico. Pidan a los hombres que más se beneficiaron, el antiguo presidente Johnson y su nuevo presidente, Nixon; que publiquen los 51 documentos de la CIA sobre Lee Oswald y Jack Ruby. O el memorándum secreto de la CIA sobre actividades de Oswld en Rusia que destruyeron al fotocopiarlo. Esos documentos son suyos. Son propiedad del pueblo. Los han pagado ustedes. Pero como el gobierno los trata como a niños que pueden asustarse si se enfrentan con la realidad, o que tal vez quieran linchar a los responsables, tendrán que esperar otros 75 años antes de poder verlos.
Tengo 40 años así que para entonces ya habré dejado este mundo. Pero a mi hijo de ocho años le he dicho que se mantenga en forma fisicamente para que una gloriosa mañana de septiembre del año 2038 pueda ir al archivo nacional y averiguar lo que sabían la CIA y el FBI. Tal vez vuelvan a aplazarlo. Tal vez se convierta en algo generacional, preguntas pasadas de padres a hijos. Pero algún día, en alguna parte, alguien averiguará la verdad. Eso espero. De lo contrario, tendremos que crear otro gobierno, como dice la Declaración de Independencia, cuando el viejo no funcione. Un poco más al oeste.
Un naturalista norteamericano escribió: " Un patriota siempre debe estar dispuesto a defender a su país de su propio gobierno ". Hoy no me gustaría estar en su pellejo Tienen mucho el que pensar. Han visto pruebas que no ha visto nadie.
Cuando éramos niños, creo que casi todos los que estamos en esta sala pensábamos que la justicia se aplicaba automáticamente, que la virtud era su propia recompensa. Que el bien triunfa sobre el mal. Pero a medida que nos hacemos mayores vemos que ho es verdad. Los individuos tienen que crear la justicia, y eso no es fácil, porque a menudo supone una amenaza para el poder y hay que combatir el poder arriesgando el cuello. Personas como S.M. Holland, Lee Bowers, Jean Hill, Willie O’Keefe se han arriesgado y han dado un paso al frente.
En estas cartas teno 8.000 dólares que me han enviado desde todo el país. Monedas de 25, 10, billetes de dólar de amas de casa, fontaneros, vendedores de coches, maestros, inválidos. Es gente que no se lo puede permitir, pero lo hace.Son taxistas, persdonas que cuidan enfermos, que ven cómo sus hijos van a Vietnam. ¿Por qué?. Por que les importa. Porque quieren saber la verdad. Porque quieren recuperar a su país. Porque todavía nos pertenece mientras la gente tenga agallas para luchar por lo que cree. La verdad es el valor máS importante que tenemos, por que si no perdura, si el gobierno asesina la verdad, si no podemos respetar a esa gente, entonces éste no es el país en el que nací, ni el país en el que quiero morir.
Tennyson escribió: " La autoridad olvida a un rey moribundo." Eso es cierto, especialmente en el caso de John F. Kennedy, cuyo asesinato fue probablemente uno de los momentos más terribles de las historia de nuestro país.
Nosotros, el pueblo, el sistema judicial que está juzgando a Clay Shaw, representamos la esperanza de la humanidad contra el poder gubernamental. Al cumplir con su deber de formular la primera condena en este castillo de naipes contra Clay Shaw, "pregúntense qué pueden hacer por su país, no su país por ustedes." No olviden a su rey moribundo.
De ustedes depende

lunes

 
presente / ausente


 


viernes

 

Manzanas y naranjas

Los últimos peldaños de una escalera, que visita una o dos veces al mes, son siempre los más difíciles, ha recuperado el oficio de morderse las uñas, porque se puede hacer u oficio de esto, aún, a pesar de todo lo que ha logrado hacer, de todo aquello que no se debe hacer, aquella espada del arrepentimiento, vieja y gastada, pero con filo todavía, podía ser desenvainada en estos tres últimos peldaños. Escalera de madera nouveau, con peldaños todos desiguales que adquieren forma por los bordes del pasillo en caracol que va dando a la puerta de ingreso de todas las habitaciones de un hotelillo de madera con polilla y de esas laminas de zinc, en el techo, con figuras que traían antes de europa. El pasamanos tiene allá abajo en el primer piso un caracol donde comienza y otra vez en este sexto piso, aparece el otro caracol que remata el final de esta baranda brillante de sebo de mano. Antes había alfombra acá en la entrada, se mira los zapatos, de esa alfombra verde oliva intenso, se acomoda la tira de la cartera sobre el hombro, ahora solo quedan los hoyos en el suelo, traga saliva, toda la escalera ha quedado atrás, se toca los labios con los cuatros dedos, ampolleta de 45 watt. Habitación 18 indican los números, una taquicardia, es muy parecida a una arritmia, sin embargo, esto es distinto, es solo un pulso elevado. Comienza a girar la manilla, que parte horizontal, hacia abajo, se ha puesto los calzones que le gustan a María, la manilla esta tan helada, como opaca, se ha rasurado las axilas y ha estado casi una hora en la ducha pensando en todo esto. La manivela llega hasta el ángulo máximo que puede una manilla de puerta lograr, nunca volvió a perfumarse la entrepierna a maría le desagrada el sabor del perfume y prefiere el gusto de la carne, el clac del pestillo indica el comienzo de la apertura de la puerta, la que se ha vuelto gigante y el aire helado y el corazón tiene un gran latido, seguido por otro, y la saliva cortada en la boca. Cierra la puerta con la espalda y adentro esta especie de semi oscuridad o semi claridad son desconcertantes. Este cuarto es siempre elegido, porque es el único que tiene un balconete que da hacia la parte sur de la ciudad, la cama ha sido abierta y ordenada con mucha paciencia, una silla, una manzana sobre el pañolín bordado que tiene cada pieza de este edificio, algo así como una atención inmobiliaria, bordado a la antigua, con dibujos de florecillas y ramas, de árbol. María esta ya en el balconete y lleva la falda que le gusta a ella. Por que es tan ajustada y tan cómoda a la vez. Cuelga la cartera en la silla, agrega unas mandarinas junto a la manzana y sin la chaqueta, entra a través de las cortinas al balcón, María no interrumpe su revisión aérea de la ciudad, solo cruza su brazo por detrás de la cintura de ella y la acerca. La reja del balconete tiene también motivos florales.


jueves

 

Acto fallido en dos actos

I
Una gran máquina de acero con todos sus dientes y miles de manos pequeñas cruzó a alta velocidad cada uno de los hilos sintéticos de una cortina como esta. Y quedó formada correctamente en secuencias de hilos cruzados y fue colgada acá hace mucho. Quizá luego de ser armada, nunca fue movida de este lugar, desde allá arriba, donde cuelga de su fierro que la maneja. Y a pesar de estar cerradas las ventanas, al ser también probablemente tan antiguas como ella, dejan pasar aire desde afuera y estas andanadas de viento frío la mueven. Desde allá arriba en una conmoción que le atraviesa entera hasta acá abajo. Originalmente sería blanca, su amarillento paño transparente ha ido cociéndose con el sol y de seguro con todo ese polvo que debe sujetar. Al final tiene círculos de borde más amarillo, que son las huellas de chorreos de agua o goteras de esas que aparecen cuando la respiración se condensa en los vidrios. Sin dibujos, con curvas ha colgado allá arriba tanto tiempo, puesta acá para ver, sin ser vistos, hacia la calle, con excepción de la noche cuando están encendidas las luces de la casa. Cuelga allá porque fue echa para eso. Para hundirse sin ser vistos

II
Dieciocho grados de curvatura en orden ascendiente de regularidad uniforme, redondeada en grandes curvas es lo que buscaron. El cromo de las partes de detalle que tienen por fin resaltar la función de sello o apertura de la lámina de latón, de diecinueve grados de curvatura en orden descendiente. Bisagras, de pibote aceitado y manilla funcional. Los forros de adentro se han soltado de su lugar y esos asientos de poder necesitarían una larga sesión de manicure. Pasta en extensiones largas se ha vuelto trozos descascarados, con forma de isla. De tener color, alguna vez sería blanco, el que ahora trae va de amarillento a oxido e n las partes de borde. Cuatro redondos neumáticos, aplastados por su propio cemento. Los espejos aún funcionan y el volante girará algunos grados, el resto perdió lo que había ganado, ahora es una garganta de lata solamente y traga tanta electricidad al verlo. Puesto allí bajo esa sombra que siempre tienen por cubierta. Mejor aún si es de árbol que no fuese caduco. Un pino. De agujas sin droga. Todo este fierro con ruedas. Año a año con su gran trizadura, que crece sin volver a esmaltar. Aplastado en la parte borrosa de este gran plano.


miércoles

 

Recuerdos recobrados

Ubicada la silleta con sus largas cinco patas, sobre la trama de pasto que se va oscureciendo hacia el borde del cuadro. Solo habrá que esperar sentado o de pié junto a la silla o de pié sobre ella, lo que asegurará mayor visión.
Las formulas redondeadas de nubes se extienden en secuencias de niveles y el viento se sabe que es el responsable de esas formas la mayoría tan afables y recomendadas a la hora de esperar el correo de la memoria. Así uno a uno, el primero muy adelantado, solo y acaso el más grande de los que llegaría, comenzó a sobrevolarlo en semicírculos extendidos, es sabido que gustan de planear y los aleteos están reservados para levantar vuelo o esos desordenados aletazos usados para el frenado, por fin ya ha aterrizado y comienza a caminar hacia el, adelantando primero una pata palmada y luego la otra con un adelantamiento de cada hombro y un juego del eje de su cabeza, un pelicano, es tan gracioso en tierra, como elegante lo es al vuelo, avanzó cerca de diez pasos y frente a el, lo miro unos segundos en esa cúpula de cristal oscura y diminuta que tiene por ojos, él solo observó al ave con los dedos allegados a la boca en gesto de sorpresa por la aparición del correo. El ave abrió el gran pico y acercó esa abertura a el, adentro viene una servilleta arrugada y escrita en ella la receta que el habría anotado de cómo hacer una hélice de madera, no era mucho, pero era un hermoso recuerdo, las hélices habían dejado de ser un arte para él y recordarlas fue muy grato. El cielo se abre ahora para una pareja que trae cada uno un zapato, era extraño pero no recordaba exactamente en qué los había usado, sin embargo el estilo y el color decían que eran de dama, eran los de esa niña del ballet, la que siempre se despedía con un extraño beso, ese si que era un recuerdo delicioso y extraño a la vez. Ese día una par de pelicanos más habían llegado alrededor de la silleta, unas bolas de vidrio y unas barras de tizón blanco, las usadas en esos hoyos en la tierra y para dibujar un plano de cuadrados y números en el cemento, todos eran recuerdos tremendos y pequeños al mismo tiempo, las aves se quedaron un rato junto a él y esperaron mirándolo sonreír a cada recuerdo recobrado, para ellos solo eran unos extraños objetos arrancados de las profundas aguas del mar de la memoria y traídas a cambio de unas palmadas en el lomo cubierto de plumas o una tibia caricia en la papada.

lunes

 

La Copa

En la intersección de las dos líneas que marcan la mitad de la forma de un tableado de piso, nace una tercera línea vertical, que es la cuarta parte de la líneas de una pequeña habitación, cada una de las tablas tiene dos bordes y el borde de la más próxima cubre los clavos de la tabla siguiente. Esto es lo que genera un, así se les conoce: rincón. Hacia allí apuntan todas estas líneas, que confabulan para que toda su atención no pueda contar con voluntad propia, solo seguir este mapa que forma dos planos en formas de murallas, quizás el borde de una cortina bordada, lo que hace suponer la presencia de una ventana, aparece levemente por uno de estos bordes de la mirada. Colocada en estos triángulos formales, ha sido puesta una alargada mesa de rincón, de tres patas contorneadas y plataforma de círculo, quizás de cuero de nogal teñido muy rojo, de aquel rojo llamado magenta, cubierta con pañoleta también circular y algunas cosas de mujer que siguen siendo paisaje para aquella pieza que ya ha robado su pequeña fascinación. Avanzará hasta esa pieza, con apenas unas miradas hacia un supuesto pasillo, de manera de verificar si nadie se encuentra cerca. Esa pieza es también circular, de trazadas en forma de relieves de diamante, quizás con motivos florales, con una base circular y una sola pieza que sube a sujetar el hueco rodeado de vidrio o cristal. Ese vacío que rodean las botellas y las copas, que como esta, las hace ser solo los sujetadores de una nada, a la que se le destinaran muchos usos. Una copa de vidrio tallado que ha sido dejada luego de que ya no contiene nada, así vaciada, ya no es más que una pieza más. Y sin embargo, ya ha avanzado para estar lo mas cerca de esas tres líneas que se dirigen al punto del rincón, ya allí, deja correr su dedo índice por este borde circular, la levanta hacia su propia nariz, no para adivinar con que fue llenada, sino para el conjuro de atrapar los restos de olor de aquella que la habría usado minutos atrás. La copa ha sido besada dos veces, primero por ella, la boca que corre sobre los dientes y asegura el soporte del paso de su lengua, que ha dejado estos labios marcados en forma de sonrisa y luego por este arrinconado bebedor de besos falsos, el que ha dejado la copa otra vez en su lugar antes de retirarse de ese confabulación de líneas. La marca de lápiz labial ha sido reducida a la mitad, un rastro en el vidrio de esta canasta para licor y otra en la boca del practicador de besos falsos, que aburrido de besar su propia mano y abrazar la almohada por las noches, sigue estas líneas cada vez que puede, porque sabe que encontrará allí donde chocan entre sí, lo más parecido a lo que los besos deberían ser.


jueves

 

Los ojos de la rata

¿sabes por qué las ratas tienen los ojos completamente negros?, no, dice. Los tiene así para dividir a los hombres en dos grupos. ¿ En dos grupos y cuáles son esos?. En los reaccionarios... ¿cómo es eso?. Es más simple de lo que crees. ¿ Si?. Si, el reaccionario, buscará una varilla, gritara, arrugando su nariz en advertencia de asco. Se volverá loco corriendo de aquí para allá y mandará a lavar su casa, como si esta fuera suya realmente. Le cargará la culpa al vecino porque el no retira la basura de su patio tan seguido como él lo hace. Culpará a los duraznos que se acumulan sobre su techo. Mandará a cortar las ramas que cruzan por sobre su jardín. Y no quiere que le hablen del tema, ni siquiera recordar los ojos de la rata. ¿ Y el otro grupo?... Los reflexivos, ¿si?. Si. El reflexivo mira uno a uno como los duraznos caen a medida que el verano se va. Y la muralla de musgo se vuelve otra vez verde, celebrará la nariz de la rata estirarse para agarrar el olor de su patio, su gorda cola de carne y pelos ralos. Celebrará sus magnéticas y redondas, bolas negras que lleva por ojos. La rata tiene los ojos completamente negros, para dividir al mundo en dos grupos. ¿Si?. Si.


domingo

 


lunes

 

¡ oh mi amor ¡

Maricón. Bastardo. Conchetumadre. Mal nacido. Te parió una perra. Zoquete de mierda. Pelmazo engreído. Huevón kuliao, boludo y mariquita. Gil ahueonao, imberbe, funao y mentiroso. Cagao de la cabeza, arratrado, chupapito, te gusta maraquear, cobarde chingón, pelotudo del orto, cabezón de porquería, chorreao, come caca, sangrón corrupto, vendido linyera, ganapanes chulo, incapaz, rata come vomito, julero, cara de raja, bobo, anestesiao, cholo, chupapija, piojo, pulga, pendenciero, traidor, inescrupuloso y pulpo. Ratón de alcantarilla, araña rastrera, deforme, te han parido verde, te hicieron madurar a combos, egoísta, egocéntrico, frío, inmaduro, tetón, baboso, odioso, vacío. Desclasado, ignorante, farsante, grupiento, pintamonos, frívolo, mojón. Amargado, depresivo, tonto, grosero, impertinente, ramplón. ¡oh mi amor ¡. Hediondo, piñiñenta, deshonrado, agarratodo, ladrón, arbitraria, despiadada, orgullosa, pedante, idiota, zorrua, impuntual, olvidadiza, infantil, hueca, aburrido, terco, parco, insensible. Cicatero, interesada. Culebra, víbora, mono, chancho. Yegua y pava. Cangrejo. Babosa. Chinche. Pulga. Jirafa. Mongólica, retrasada y famélica. Bagre, pico de loro, cabeza de moco, pendejo de lata. Raquítico y jorobao. Lengua de lija. Ojos de gata. Conventillera, cahuinera, mala. Altanera, arrogante, incomprensible. Materialista. Calculador, desordenado, abandonado, meado, cagado. Pasada a raja. Gilipollas. Picúa. Metiche, celestina, bruja, enano, conventillero, eunuco. Maraca. Déspota, sedicioso, estafador, chantajista, sapa. Drogón. Patiperro. Vago, desmuelao, puerco, canalla, descorazonado, descerebrado. Pseudo. Infra. Pordiosera, pedigueña, caliente, chorreá, lunática, borracha, ponzoñosa, venenosa. Enfermiza, debilucho, chiclosa, dura, cabeza de pollo. Mierda. ¡ oh mi amor!


 

Barra de acero, pintura roja y babuino cautivo


Los tres litros de base de aceite, provenían de tres mil litros más y estos tres fueron usados de base en un tarro, para un chorro de concentrado rojo, que fue lo que le dio el color, después de vibrar y ser revueltos. Después de esto, fue rotulado, se traslado en una caja junto a otros noventa y nueve tarros más, en un camión, hasta la repisa de metal de una bodega, desde donde fue sacado, empacado de nuevo y traído hasta el circo, junto a una brocha delgada.
Las cinco barras de fierro que fueron necesarias para armar esta caja de barrotes cúbica, originalmente eran muy largas y fueron cortadas en trozos más pequeños y soldadas en tramas parejas, armando así las seis paredes, con una puerta que es la que tiene siempre una jaula.
Un babuino es un papión, de esos monos de dientes grandes y cara rosada, este fue tomado de una camada de otros nueve, que parió una mona muy lejos de acá, eran tres pero los otros dos murieron, probablemente este era el más violento. Conservó en el lomo esa mancha blanca que dicen que tenían los primeros que fueron traídos del África hace unas diez generaciones atrás.
Todo esto había sido puesto junto, la pintura sobre el fierro y el babuino dentro de la jaula, en una gran carpa semi abandonada en un día sin función, a una hora en que no se ve gente por acá. Solo una plataforma de pasto seco y mugrienta. Y las ruedas de caucho de los camiones detenidas. Pequeñas manos y amoniaco fétido. Los delgados dedos de mono y la histérica mirada que emiten esos bolillos que tiene por ojos. Las barras de fierro, la delgada capa de pintura roja y el exagerado bostezo de papión adormecido. Todo esto ha sido puesto junto acá, con un fondo de carpa de barras de color paralelas.Y ha sido extendido el aceite, en capas uniformes, logrando un rojo encendido. Toda barra fue unida y limada sus asperezas, sin que dejara de ser metal y jaula. Y el mono es alimentado con ramas de manzanas y pelotas de melón. Y han sido reunidos acá. Sobre un nivel de sacos despedazados. El desfase de las cejas del mono aburrido. Las líneas del dibujo del metal, todas oblicuas, disminuidas con la cantidad de capas de pintura que recibieron.
Todo esto ha sido puesto junto acá, uno sobre otro y este dentro del otro. Pintura al aceite, fierro de construcción y ejemplar de simio introspectivo.

martes

 

Luminaria


Limpió la mesa con tanto compromiso que le daba pena toda esta intensidad. En pasadas de trapo húmedo, al principio circulares, para dar paso luego a las paralelas, hasta darle a esa superficie la parda textura de la madera mojada. Esta cita en esta época es ineludible. Ordenó las cuatro sillas y quedo sentado en una de ellas. La secuencia de momentos se va alargando cada vez más cuando se esperan. Tras de él está la casa ordenada, salvo algunos libros amontonados en el baño. Las doce murallas de todas las piezas, las tres camas, la cocina y sus baúles para comida, las platillas todas lavadas por el mismo, todas las ampolletas, los rincones para los alacranes y un jardín regado con bolas de feca de gato en la parte trasera de la casa. Esta cita fue acordada desde que era niño y será pactada probablemente hasta más allá de cuando sea anciano. Su casa cuenta con su techo, sus dos números clavados sobre la puerta y estas puntas que tienen las rejas que dan a la calle. El cruza los dos pares de cinco dedos entrelazándolos en un solo puño central frente a su pecho, apoyado en el largo de sus brazos en esta ya seca superficie de madera y se complace en la espera con todos los estadios del cuerpo a toda cita anteriormente pactada.
Sobre esta mesa de cuatro estacas, se va concretando por fin lo acordado. Aparece por el flanco en círculo, en forma de pequeños tintes, con imperceptibles cambios de color al principio. En rayas y monedas. Y más tarde en una sostenida y creciente forma de un mapa en movimiento, de luces y contraluces. Todas estas viajan sobreponiéndose unas sobre otras. Avanzan muy despacio, pero son constantes. Esta figura, es lograda con el barníz de la pobre luz del sol en invierno. Lus que atraviesa cortada en lonjas irregulares por los espacios que se mueven de las hojas de árbol. Esta masa de tonos movibles, no suena, solo brilla y se opaca a sí misma, lamiendo esta gran mano doble. El sonido de hojas afuera, antecede a una complicada secuencia de cambios en las luces. Y eso es lo extraño de este asunto lumínico, su silenciosa marcha sobre todo lo que encuentra a su paso, que quizás produce sonido pero es un ruído tan remoto que nuestro oído es totalmente incompetente para esta tarea. El asunto es que entibiara, dada su lentitud, acaso muy poco, pero suficiente para que se quiebre el hielo que tiene un hombre solo en una casa vacía. Lo exasperante será el silencio. Entibiará las luces. Y también las sombras. La velocidad que tiene todo este evento, le asegura unas horas de abrigadora luminaria. El mira y se deja cubrir por todo este conjunto luminoso y sombrío a la vez, que proyecta estas islas de calor sobre su gran puño, la esfera de su cabeza y la lengua rígida de la mesa.
No suelta sus dedos unos de otros, pues sabe que estas intrigantes, calmas y suaves andanadas de precisas imprecisiones, salvo con un cuerpo frío, no se sujetan con nada conocido en este mundo.

lunes

 

Esta pieza fue compuesta en un campo de concentración y ejecutada por primera vez frente a 3000 presos de guerra, interpretada por los cuatro músicos que se encontraban en el campo. Compuesta por Olivier Messiaen el "Cuarteto para el fin de los tiempos" ha concentrado para mí una fuerza desgarradora y misteriosa incomparable. Y es para mí, una pieza sin titulo. Sin título posible, la religiosidad de este autor es una extraña forma de contener tanta creatividad. En un dia sin cuentos. Música.


domingo

 

Ejercicios de vacío


Se queda tendida en la cama y mira con un solo ojo abierto, adivinando, por los ruidos que llegan hasta ella, la secuencia de actos del responsable de traerle un desayuno. También esa delgada nube de humo le avisa que debe acomodar su almohada tras su espalda, pues el pan ha sido quizás más que tostado. Enfrente de esa bandeja rectangular, comienza con darle una mordida al embarrado pan con mantequilla y es hasta entonces cuando abandona la idea de pulsar la tecla que autoriza a la televisión a venir a quedarse con ella. Ha decidido quedarse, como llevaba ya esa mañana, mirando más afuera del marco de su ventana, hasta la pared que esta cubierta con ese arbusto gigante, pero ella no mira las hojas, sino, las hojas que aparecen al mirar los espacios que hay entre ellas. Y no va a encender nada que la distraiga pues el sonido que viene de moler el pan entre sus muelas, es ya esta mañana, muy perturbador, sumado a la secuencia de espacios que cambian con el viento en un íntimo, hipnótico y suave trompe l'oeil. Las mordidas se transmite a través de su quijada a todo el cráneo. Los dientes también muelen, pero son las muelas las que avanzan más en esto. Al principio el sonido es crujiente, igual al de la sal bajo los zapatos, al caminar por un mar de sal, seco. Y lentamente, ayudada por su lengua, comienza a ceder a un sonido más parecido a una masa, como si fuese necesario devolverle al pan su estado anterior, al que tiene una vez cocinado, el de una blanda masa remojada y tibia. Ahora suena el agua, al tragar una porción de jugo o de leche, que será lo mismo de liquida, disolviendo más aún este engrudo sabroso que se va empujado contra el paladar contra la continuidad de la boca hacia el interior del cuerpo, que de seguro después de esa oscura entrada debe haber más interior. A pesar de que ya no siente ningún sonido y acaso desaparezca todo lo que se traga. Antes la cosa era adivinar a qué se parecían estos espacios entre las hojas, ahora es solo la mirada al vacío, ese que está entre las cosas y que queda marcado por el borde de estas mismas. Y que se logra con esa extraña forma de mirar que es el da la mirada perdida. Otra vez cruje desde la mordida principal esta roca de pan y otra vez al cerrar los labios se forma este tambor de mascadas, que resuena hacia el cráneo, hacia los pasadizos de los oídos y más allá de la pared trasera de los ojos.

viernes

 

Me gustan los árboles

En la planta de este bus en movimiento, se puede ver desde arriba, el campo que se pone también en movimiento, la distancia que separa tu lámina que usas de cara y que es la que siempre yo he recorrido está ya acortándose. La isla que marca el fin de esta ciudad esta hecha de cinco líneas de acacias, están en este tiempo aún creciendo, con las marcas que deja la rotura de la corteza y sus laminillas de hojas que son verde aún, ramas con espina y parientes en las sabanas africanas, al otro lado del atlántico; marcan la partida de este viaje. Me gusta el final de tu espalda cuando estas montada en tus cuatro dobladuras, codos y rodillas y yo solo veo donde nacen las piernas, y ese ángulo es insuperable en la bondad erótica que contiene, la marca inolvidable de los pelos que tienes aún más negros en esa gran humedad roja que es mía. Y el borde del camino siempre lo he recordado pues los álamos están puestos en fila india y ellos en esta fecha , como siempre ya están adelantados y las cáscaras se han vuelto amarillas cadmio. Las líneas de árboles que están allá en la cresta de los cerros están marcadas por álamos también y acaso alguno que está siempre solo en el borde de tierra y cielo que es un horizonte. Me gusta igual que permanecer en silencio, el rebote con el que te haz propuesto hundirme el hueso que traigo bajo el ombligo, con el hueso que traes puesto tú allí mismo, es imposible que todo esto dure mucho tiempo si quieres seguir golpeándolo así cuando tienes tus rodillas en mis orejas, durará tan poco que dará pena. No es posible que todo esto sea siempre lo mismo y que sea distinto siempre, pues esta sed es la misma y los resultados también. Me gusta la blandura de la piel y la dureza de la erección de tus dos pezones de carne. Carne con temblores conocidos. Más allá, los castaños y los ciruelos que tienen las casas de campo me avisan que he dormido lo suficiente y levanto el respaldo del asiento, solo sé que queda mucho aún pues estos castaños están antes de la mitad de la ruta y son más viejos que este camino y este bus y estos viajes aún. Sus grandes hojas aserruchadas y sus bolas de espinas que defienden sus castañas, son un standard muy agradable, donde están anclados miles de recuerdos de tardes de soledad. Otra vez todos los caminos se ven cocidos de espinos y los árboles de higos, que atraparon completamente enormes casas de barro abandonadas. Y los sauces lamen, lo sé, aunque aún no hemos llegado a ellos, las cresta del río verde y azul y azul. Me gusta que me aprietes los pezones de estas tetillas secas que los hombres tenemos, más allá del dolor y esa mirada de enojo y concentración con la que te empujas mi cuerpo desde el hueso de las caderas que yo tengo, para darte esa penetración tan larga, que todo esto se vuelve demasiado sexual para mí, lo sabes, no pongas esa cara de ira ardiente que toda esa capa de sudor nos inundara a ambos. Estas tierras más secas solo han dejado manchas de árboles de tilo y los brazos de los cactus han aparecido por todas partes. Solo hay árboles de secano, el tamarugo y las parras amarillas. Y es adivinable donde hay agua porque solo allí desfilan árboles verdes, de seguro son perales y cerezos. Después de todas estas selvas, las placas de cemento de la ciudad en la que vives han aparecido. Sin embargo otra vez las acacias están por el borde de las veredas, pero estas son más rosadas y más delgadas, igual a los brazos de las garzas, con estos vientos y las cajetillas de semillas ya están doradas y esperarán a que llegue la lluvia en esa forma de acompañante de vereda para colegial. Grandes plátanos orientales y estos paraguas más pequeños. Me gusta besarte, que me beses, antes de eyacular y esa cara aparte de sudor, esta siendo regada por tus lágrimas de orgasmo. Me gusta que me digas que no, que no puede ser tanto. Que solo tu cantes cuantas veces haz logrado una sacudida a tus costillas en lo más cercano de un humano al placer. En el choque del hueso, en la pretura de la carne, en la laguna de agua, te he dicho siempre, aquel que no está dispuesto a recibir, difícilmente estará dispuesto a dar. Suéltame de esta felicidad que es necesario preparar té. El bus se ha detenido, la calle que da a tu casa tiene altos árboles de liquidambar que son los que con mayor intensidad usan cromos y cadmios. Ya las cajetillas de espinudas están abiertas y la resina de ámbar perfuma mis tres golpes a tu puerta. Me gusta que la distancia de la lámina que usas por rostro sea la más corta que existe.

jueves

 

Salva

Desde la mañana la cabeza se la tragaba una inercia en remolinos de nausea, había despertado con el efecto de una noche casi sin dormir, que siempre es un pago muy desgastador. Ya estaba formado en la fila de diez hombres recibiendo una bala para el fusil, su lugar era el cuarto, así que había tratado de ver la similitud o la diferencia de las balas entregadas a sus tres predecesores, con la que él recibiría, alcanzó a mirar las otras seis que quedaban en la mano del soldado que las entregaba, no notó en ellas ninguna diferencia. Una muralla de fusilamiento es una muralla a la nada, una pared sin futuro, un punto final, para el que está atado, como para cada uno de los que dispararán contra el. La idea de que una de las diez balas fuera de salva, una bala de mentira, un proyectil de talco, echa para salvar a ambos en cada lado de la muralla; le entregaría a cada uno, una pequeña arista, de la cual sujetarse y no caer el mismo también al tirar del gatillo. La secuencia de órdenes que vienen, lo fueron guiando hasta quedar apuntando a ese corazón, todos deben apuntar al pecho, de manera de que nadie llegue a saber si acaso su bala era de verdad. Verdadera, igual a las heridas que una bala le hace al cuerpo de carne. La secuencia de la explosión de una bala es eterna, empieza desde el gatillo que va siendo jalado hacia el mismo, soltando una consecuencia de engranajes de articulación, que tienen por fin soltar un garfio, un martillo de aguja hacia el centro blando de la bala, que al ser perforado inicia una llama contenida allí en ese cilindro de metal, por años. Una bala es una amenaza de fuego contenida, cargada con granos de pólvora enseñados todos a arder juntos a pesar de que estén comprimidos en aquel pequeño tubo. Toda esta explosión triste y culminante, guía lo inevitable de este enorme empuje, ya que los bordes del arma contendrán la explosión que es siempre en todos los sentidos del mundo, hacia uno solo, hacia delante del que la trae a este lugar, hacia donde dicta ese punto y que prometerá donde irá a llegar un huevo ignorante echo de plomo. Ese huevo que empujado por todos estos sucesos, ya solo irá inocente, pues la culpa va hacia atrás siempre, del plomo a la pólvora, de la pólvora al percutor, de este al martillo, al engranaje, al gatillo y por fin al dedo. El orden en el cuerpo llega hasta más allá del tirador, a aquel agujero que es siempre el final del viaje hacia adentro de alguien. Entonces con toda esta explosión de humo y toda su explosión de culpa acumulada en la garganta de su corazón; ha dejado caer ese punto de mira al final del su cañón hasta los pies del que va a recibir toda esta absurda desgracia y a la hora de que muriera por los plomos de los otros nueve tiradores, su cabeza cuelga en medio de un pecho desecho, pero con los pies intactos, cubiertos solamente por una parda nube de talco.
La onceava explosión que completó esta serie vino desde el martillo del que había estado dando esta secuencia de vueltas a esta manivela y abrió una fosa en forma de rajadura roja, pero esta vez; con una marca de entrada a su cabeza y una marca de salida a este largo dia de elefantes muertos.

miércoles

 

Primera historia de amor fracasado

Alguien ha dejado por la vereda de tierra que marca el margen a la vereda de cemento y por la cual camina uno diariamente; el cadáver de un perro pequeño. No más grande que un zapato grande y de tan poca estatura, que aún no lleva puestas las camisetas que usan los perros mayores. Por su cercanía con la solera, quizás murió golpeado por un auto y ese mismo barredor municipal, que es el dueño de las soleras de este país, quiso que su resto de cabeza se salvara de los autos que llevan , en esta época, vacacionistas a vacacionar. Y lo ha dejado estirado acá. Este sol de mañana que se ha puesto muy vertical y blanco, ha ido opacando lo único que quedaba con brillo en él, pues él, tiene los ojos abiertos, los dos ojos, centrados en la calle que no llegaría a cruzar. O si caminaba en dirección contraria hacia donde mira ahora, quizás si cruzó, pero nunca llegó a saberlo. Todo lo que le rodea es impresionantemente desértico, un continente eriazo, del cual él es el contenido, un marco echo con esas mayas de pasto que se niegan a desaparecer y viven todo el año, sin agua, sin amigos, sin mesitas con tazas de té y que hasta florecen, esas mayas de verde seco. Papelería de envases de chocolate y otra vez, ese polvillo que levantan los autos que llevan vacacionistas. Ya no se puede sino hablar en este punto, del tremendo hoyo que se abre en la pared sin hoyos que dicen que el amor tiene. Y es que me ha recordado esa palabra escrita en la muralla rumbo al matadero de palomas de esta tribu de gatos que frecuentan la iglesia. Y a la que he querido escribirle "atado" con la misma letra y el mismo lápiz en spray. De manera de conseguir amoratado. Un perro como este pudo haber sido acompañante de dama y solo es ahora una parte rota. Es una pieza inútil. Esta es una pieza que cayó por ese hoyo de esta pared. Y llegó hasta aquí mismo, a esta vereda por la que se pueden conseguir pan y chicles de naranja. Hasta hace poco, del otro lado de este muro, llevaba una vida sobre cuatro patas y una quinta que es la cola. Ya había perdido, es más que seguro, la cuenta de los latidos de su corazón. Solo esperaba, como yo ser retratado junto a su enorme falda y sus pequeños párpados, nos daría leche a ambos. Y la garganta de su corazón se atragantaría para siempre. Hasta aquí era una pieza viva. Que tragaba sangre de sí mismo a sí mismo. Esta muralla no es plana, ni es verdad lo que decía la página de cartón, de ese cuento colorido, pues si tiene hoyos, en los que la fuerza de gravedad, el asunto más simple que existe, te asegurará una caída libre, todo garantizado por un descuido. Un engaño de estos mismos ojos. Hasta un pequeño perro, no más grande que un zapato grande, se va a caer hasta acá, hasta esta vereda, empujado por los fierros que tienen uno de estos autos que llevan vacacionistas a vacacionar. Cuando podría haber sido un sereno pensador y acompañar a la gentil vendedora de arreglos florales y haber posado con ella en fotos oscuras. En litografías de época. Mientras esperaban a que llegara yo, de traje largo y copa de sombrero, con una galleta de salvado para él y unas promesas de carreras por estas veredas. Y en una caja, un disfraz de cuarto, para que ella me acompañara a beber aguas de limón; unas delgadas bombachas de seda. Muralla de cartón con hoyos, te encargarás de botar hasta acá todos estos perros pequeños, todos estos imposibles retratos fracasados.

lunes

 

Una playa remota

Que al juntar las manos con las palmas hacia arriba, bajo el chorro de agua de la llave, se llena este barco de manos juntas y una vez lleno, se va con la cara hacia esta laguna pequeña, todas estas olas son de grandes cuevas de mar, donde la morsa y el calamar viven de día pues de noche saldrán a cazar, las manos mojadas cubren la nariz y los ojos tercamente cerrados, las burbujas de las manos fermentan olas de florales espumas, la caída de la batiente estalla en la pradera de arena que la llama una y otra vez, desde hace mucho. Esta es una larga playa a la que solo se llega con agua dulce de la llave, desde un baño dulce también. Desde que la mar es mar. Y nadie había todavía vencido la cascara de naranja que las olas pulen toda la noche. Esa arenas lisas han estado ahí sin ser pisadas. Ni siquiera por las estrellas de las patas de las gaviotas. Lisa. El agua enreda los dedos a los huesos de las mejillas, las paredes avanzan en tandas de liquido y frescor, así como avanzan las piernas en el río, cuando buscábamos la piedra blanca entre todas estas azules y negras, las manos son tan largas que no se acaba el agua, y esta tan fría que los ojos aunque cerrados se enfrían y se niegan a abrir sus caparazones, hasta que esta interminable cascada termine, estas lenguas de las que me habló alguien, que alguna vez las vió venir hacia el, para decirnos que tan lejos uno puede ir solo por la playa, las cortinas de sábanas mojadas, permanecera uno así, mirando con los ojos cerrados, al agua que lame incansable así a estos ojos, a pesar de esa oscuridad se ven los roqueríos, cada vez que se pueda abandonar esta sequedad que anda suelta y bate esta espuma que somos, de ahí que tarde tanto esta laguna y se haga en tandas de pequeños chapuzones en carpas de velero, de madera y pequeño en la cáscara de la nuez. Blanda acude a mí, en estas horas, las caminatas perseguirán más tarde la marca de agua en el cemento y las patas de los leones de bronce. Una playa es más profunda cuando no hay nadie más en ella. Los diez dedos cada uno tendrá un banderín y se lo gastará de a poco y los tarsos serán los que sostendrán los primeros intentos de huida de esta catarata, las palmeta de ambas manos, se juntaban conteniendo las dos partes de tu cara, el resto es una imagen de una boca que a veces también traga de esta agua, las anguilas duermen en las sombras de los cardenales y todavía no se ve la luz para salir de estas manos, la manera de beber tantas veces y girar la cabeza no asegurará la salida, empapar la casa de la cara hacia arriba y hacia abajo, por ende, es la forma más rápida de cruzar por estos frescos cordones. Cuando acudas a la cita con esta playa, que de ella nunca ha salido nadie, marca la salida con lineas en la arena y en el agua. Y dejarla caer , hacia abajo, y obligarla a subir, aún desvaneciéndose lo que quede. Que quedará sujeto a uno, en gotas, o en marcas de gotas que son imitaciones de lágrimas. Separar las manos. En la base de la cabeza, es extraño y blando, una playa que se abandona sin haber estado en ella, con todo esto y aún así, se regresará, acaso con más conejos y más gorriones, otra vez, a bañarse, a buscar de nuevo esa carga de agua, juntando las ollas de las manos en la llave.


sábado

 

Preludio a la siesta de un fauno. Versión para piano y aspersor metálico

La cara la tiene azulina. Al cerrar los ojos, la partitura la lee dentro de su cabeza. "...Estas son seis partes de largos desiguales, donde la primera, es mostrada cuatro veces por la flauta, parte sola y más tarde con una armonía, "de espera", y es que hasta la tercera no logra su armonía más lograda, la cuarta cambia ligeramente su ritmo. La segunda parte, aunque recoge el tema inicial, también presenta un segundo motivo, expresado por el oboe. La tercera se funde sobre un elemento melódico nuevo, de un prodigioso pero misterioso lirismo. La cuarta parte vuelve al primer tema, variando la figura rítmica, por lo que no reaparecerá en su aspecto primitivo hasta la quinta parte, que se le podría llamar de reexposición. La coda constituye la sexta y última parte, concluyendo la obra sobre una esquematización del tema, es decir, de reducción de éste a sus notas tonalmente esenciales, como si no fuese más que la sombra de sí mismo..."
Aún así, a esta hora cuando el sol ya ha bajado lo necesario y solo hay luz, pero no sol, el reloj da la fatídica señal de arranque a los aspersores del prado, todos ellos responsables de mantener el parque que rodea a la casa vivo. Todo este tramado de choques de agua, rompe el silencio que había acompañado a su canción.
La cara la tiene azulina y blanquecina, igual a sus manos, en las tardes se acerca al piano y una vez levantada la gran tapa y luego de observar la secuencia de tabletas blancas y negras, comienza a pulsarlas. Y aún a pasos del final, a pesar de que las frases del regado están batiéndose entre las codas finales, ella trata de seguir tocando dirigida hacia este esperado final. Es interrumpida completamente y n
o puede volver a tocar. La cadencia que marcan los regadores metálicos permanece en un monólogo ralentí. Abre los ojos y se encuentra enmedio de un somnoliento vendaval, en el centro de una orquesta de agua. Deja su asiento y camina a la ventana lentamente,a ver ,como estos chorros giran, lavando las hojas de los grandes helechos.

miércoles

 

Postal


Hay que situar primero la línea del horizonte como la primera diferencia con ese gran plano del cielo, que a esta hora tiene en su parte más baja un azulino muy claro, al borde del blanco y a medida que asciende va tornándose más azul, desde un cerúleo deslavado a un ultramar intenso que solo se puede obtener al levantar la cabeza completamente. Luego está la tensión que genera la cadena de mesetas y planicies que están bajo esa línea horizontal, también consigue una gran variedad de pasajes y colores, que a medida que se acercan a nuestros zapatos va consiguiendo los colores que cada objeto debería tener, ya que una montaña como esa a esta distancia se ve rosa y violeta, algo muy raro para una cadena de roca y hielo. Los cordones cercanos obtienen pasajes de colores tierra y la textura de sus bordes se hace más evidente, bosques y grupos de árboles en medio de una mesa plana y verde ceniciento. El calor de esta hora le agrega una capa de movimiento a lo que se mira, una densa e impenetrable masa de aire caliente que distorsiona todo lo que se alcanza a ver. Todo esta quieto y ensartado al suelo, la ramazón de espinos no oscila en ningún punto, así que el viento ha desaparecido totalmente, el aire caliente tiene ese olor a hojas y pasto reseco, que aunque verde y brillante, tiene olor a secano. Las marcas de arena amarilla más cercanas, en forma de árbol estirado en el suelo, es lo que queda de lo que era un río y los peces que allí vivían de seguro se han enterrado en las piedras y grietas de la greda, o se han transformado en sapos que duermen también allí bajo ese surco duro y seco. Para obtener una vista así es que estamos a la altura de esas mesas que se aprecian en el horizonte. Todo esto es casi abstracto, el abandono y la libertad del paisaje es una cortina de terror que lo abraza todo. Hasta esos puntos negros que de seguro son golondrinas, o algún tipo de ave generan una distancia inabarcable. Y la escala a la que está echo esto contempla un metraje imposible de calcular. Solo esos tres puntos que se mueven apenas allá abajo en las matas de sauce, le devuelven a esto una referencia que nos hace entregarnos a la idea de que todo estará interpretado para siempre. Esos tres puntos, no más grandes que el cristal de un grano de azúcar , vistos desde acá, del grosor de la mancha de un punto de grafito. Que al parecer están comiendo algo, un melón de agua quizás, al que le arrancan los pedazos con la boca. Y ell resto del paisaje es ya menos inquietante, un grupo de perros los acompañan y las lanzas de madera echadas en el suelo. Desde acá las espaldas brillantes y vestidas con manchas de colores, no pierden la curvatura que tienen los cazadores de canguros. Ya la caverna del cielo y las garras del bosque lejano se han vuelto paisaje de imágenes. Un telón de fondo quieto y acalorado, que espera para ser recorrido y marcado. Con una línea de fogatas nocturnas y canciones de hermanos, una colección de serpientes con alas e hipnotizados bailes centrípetos.

sábado

 

Negro Albóndiga


Un perro duerme en forma de círculo. La calle cuando cae asfaltadamente hacia el puerto, que la espera con el muelle y llovizna de noche y los focos del alumbrado público goteando y la luz ilumina la malla de gotillas que se cae en secuencias de arcos; es una línea negra o de un azul llamado pruzia. Primer cuadro: Nuestro cardenal de venecia esta sentado a su plato de alas con mostaza, envuelto en seda púrpura y babuchas de marruecos, regalo de su padrino comerciante. Con el parpadeo después de retorcer la espalda para sacarse el sueño, el perro negro, apolillado de polilla solitaria, de esas que comen todo lo que se encuentre abandonado; mira esta calle y duda que al final de ella encuentre algo de comida, en noches como esta, las púas de las gaviotas acaban con todo lo que fuera alimento y también con lo que no sirva. Segundo cuadro: Nuestro general de la caballería blindada, muerde con los ojos cerrados y su larga nariz arrugada, su porción de albóndigas con sepia. Mira calle arriba, con las bolas de gelatina que todos los perros tiene, sabe que después de ese monte donde parece acabar la calle, está ubicada la corrida de bares, caen pedazos de pescado ahumado a veces, aunque es tan tarde y la esquelitilla le avisa la dirección donde reina la suerte. Tercer cuadro: Nuestros estandartes políticos de turno cenan con niñas relajadas su gran bandejín de albóndigas a la hierbabuena. Al parecer esta noche, ninguna de las direcciones posibles tiene algo comestible. La lluvia tragada por el mar, no endulza el agua, ni licúa las espirales de aceite. Cuarto cuadro y final: La santa reina de la colectividad de buenas obras públicas que a esta hora se lava las piernas en agua caliente, ya paladea el aroma de su plato de albóndigas al yoghurt, que su gran nana le prepara. La lengua abraza sus quijadas en forma de un viejo reflejo, donde se encuentra esta seco, no esta mojado por la lluvia, todos estos sacos están secos. Las agujas de las vértebras empujan su cuero negro que ha ido perdiendo la peluca negra, gira sobre sí mismo un par de veces y se enrolla en ese centro, la nariz entra en receso entre su paleta pierna y la cola, una última mirada a las tramas de gotas que arman arcos en el aire, un empujón de aire por las narices y se entrega, abandonado a continuar el sueño en la parte en que lo había dejado. Negro albóndiga, estás tan flaco que nunca llegarás a estandarte político, no ascenderás a general, duerme en tu tornillo a ti mismo y sujeta tu gelatina a tus huesos, hoy no lloverá más y la calle bajará llena de gente. Duerme en forma de circulo, duerme.


lunes

 

El pequeño dictador


Se cortan los pantalones, de preferencia de color gris perla, a la altura de la rodilla, también a la camisa se le cortan las mangas , centímetros antes del codo, de preferencia gris también, de tela resistente, para prendar de ella las hebillas y las agujas de la serie de monedas con figurines, que se deben conseguir, para que hagan las veces de medallas, luego se gelatiniza el pelo en forma de casquete pegado a la cabeza, que debe ser algo cuadrada y de frente larga, se usan ojos de tono hiriente, se pueden conseguir después de jornadas de sacarle las pieles a las polillas y acercarles las antenas a las ampolletas encendidas. Un corbatin de rigor, igual al usado en las escuelas, las casas bancarias y los municipios del mundo. Se usa un lunar, cerca de la boca que debe ser algo apretada de labios apretados, acostumbrada rara vez a mostrar los dientes en son de sonrisa, solo las muelas del final, al gritar al micrófono, que puede fabricarse de un tarro y palo de escoba, ha de conseguirse un cajón de frutas para elevarse del nivel de tierra, desde donde se verá el mundo de otra forma, si se pueden conseguir uno o dos sujetos de la misma edad, se ponen uno a cada lado y se les obliga a que no se les noten las manchas de leche en la cara. Se practicarán largas intervenciones, con la mano izquierda tras la espalda y la derecha con el dedo índice levantado en cada grito, el que debe ser intenso y de silencios tenebrosos entre cada larga frase de grito de verdad absoluta. Las botas acordonadas o por último las calzetas negras hasta la rodilla. Y por fin con un carbón, o lápiz de maquillaje negro, se ubicara sobre el labio superior de la boca y bajo la nariz que debe ser respingada, allí se debe dibujar un cuadrado oscuro que no debe superar apenas el centro de los labios, con todo esto, se encenderán las ampolletas, se conseguirán trompetas de cartón que antes de la intervención sobre: "... los derechos de los derechos sobre los derechos...y la superioridad de los lagartos sobre las lagartijas", banderines de telas rojas y círculos blancos con una araña negra en el centro. Se puede agregar manchas de sangre en las murallas con tempera roja, cabezas de muñeca en el suelo y caballos plásticos con al menos una pierna o dos menos. Chimeneas de cartón con humo dibujado. Dibujos de rostros tristes y cartas de despedida en los muros. Tanques armados con cajas de cartón, legiones de soldados plásticos ordenados en semi-círculo al rededor de recortes de explosiones. Lagunas pequeñas con puñados de clavos, alambres enroscado y moscas amarradas de una pata sobrevolando todo el cuadro. Con todo eso se conseguirá un pequeño y realista, pero no menos perturbador, retrato de modelo de dictador.

jueves

 

Paletas metálicas



Adentro de la cuba de madera, siempre ha habido un rodillo con dientes. Que al accionar de la manivela que trae puesta, levanta las teclas en forma de láminas de metal que cantan, unas paletas afinadas en una escala fina, porque una caja de música tiene un acento de pasadizo de campanillas; "siempre te he guardado afecto, te he reservado, sin proponérmelo de mis mejores estadios de sueños". A veces la cuba no es de madera, sino plástica, de relieves florales o tintes prendidos hasta el rosa y el dorado de polvo, traen una tapa, la que al abrirse deja asomarse una figura que rueda sobre una pista hecha de espejo y la manivela es una rosca que trae abajo. Siempre las canciones serán tomadas de frases anteriores, de canciones de colonias clásicas; he visto a algunos cambiar de lugar la placa de paletas, haciéndo que la melodía se vuelva irreconocible," te he mirado en secreto a través de estas paredes, mientras te escuchaba cantando en la bañera, te he alcanzado el jabón sin que lo notaras". En otra que conocí, había dentro de un iglú de plástico transparente, un aceite transparente, el que al agitarlo, hacía flotar pedazos de viruta blanca en forma de nieve y que iba a caer sobre un paisaje de pinos y troncos. "Te he besado sin besarte, te he peinado una hora entera sin tocarte el pelo". Ninguna de estas canciones, canciones de caja de madera y mecanismo de metal, hará que te conozca, que llegue a superar las espirales del oído o llegue a encontrarte en estas profundidades enrrolladas, pero son tan agudas en su trino las direcciones que trazan, que dibuja allá al fondo de mi cabeza, la idea de tu pezón rosa, la bebida de color de tu párpado y las trenzas de peluca que de seguro debes tener. Y entonces cada vez que puedo, hago girar la manivela y aunque ya sé de antemano la canción que cantará, me entrego a escucharla hasta que se corte a sí misma, la mayoría de las veces enmedio de la canción que va deteniéndose, porque se ha quedado inevitablemente sin resorte la cuerda.

ilustración virginia patrone


domingo

 

sp


jueves

 

El Tambor

Abandonarían la tienda del juguetero para desembocar en las fauces de la iglesia, de allí, directo a la pequeña caseta de confesión, la madre de Oskar se pierde trás las cortinas y comienza su rezongo de pesadilla. Frente a frente. La imagen de una señora y su niño en brazos, domina todo el espacio que rodea a la caseta. Oskar se acerca a ellos y se detiene a observarlos detenidamente, acerca un taburete de esos para arrodillarse frente a la mujer y escala los candelabros y las velas encendidas. Llegar hasta el nivel del pequeño muchacho semi desnudo fue fácil para él. Los hombros desnudos y la papada de bebé sobrealimentado, los rizos de su cabello congelado y las manos en señal de exclamación. Oskar ensarta entre los dedos de la pequeña mano de yeso una de las varillas de su tambor y luego la otra en la palma de la otra mano, como si hubiese sido diseñado para que sujetara estos maderos. Le cuelga la tirita para que el tambor quede en su puesto sobre la panza. Así de pronto todo estaba completo para que sucediera algo. Oskar levanta las cejillas y le grita;¡ vamos!. Música.¡ Un dos un dos !. Le agrega una cachetada en la regordeta mejilla de la estatuilla. ¿ No puedes tocar ?. ¿O no quieres tocar ?. ¡ Mentiroso, tú lo puedes todo!. El retoque brillante de las pupilas, el acabado de las uñas de la mujer, los vestidos tejidos. Oskar golpea con las varillas el ambor comenzando una trama de golpes de tamborilero. Con todo este ruido el gran sacerdote lo sacó de allí y el pequeño sacristán, de faldillas blancas retiró las partes instrumentales que quedaron colgando del jovencito abstraído. El pequeño Oskar se refugió entre las faldas de su madre llorando y gritando. Mientras la pareja de la señora y el bebé rodeados por velas quemándose, mira a la nada, ellos abandonan juntos la bóveda de la iglesia, que emite una cantarina despedida, hecha con el eco de sus propios gritos.

lunes

 

Camille

Las copas de plomo, son llenadas con paletas de bronce y antimonio. Con hierro negro. Y a medida que la lluvia soltó los terrones y todos los troncos y los pastos. Noche a noche, por años, es que aparecieron las piedras, con esos gigantescos lomos curvos y planos. Al chocar con los cuchillos de fierro, llegaron a este mundo, esa fauna de piedra y esas columnas de granito. Estos ondulantes cuerpos de senos y vulva de piedra. Camille, mi amor, pienso en tí, hasta en ese pequeño rumo de piedrecillas que están por todas partes. Veo tus secretas intenciones. Camille, dame de beber de tu loca boca y devuélveme la sed de partir estas piedras. De tallar en ellas estas florales canciones de terzura. Bailarina Claudel de marmol, te traicionaron y no pudieron dejar de robarte. Piedras ocuparán estas ramas de hueso. Lanzas y espátulas habrán perforado esta cal que guarda este torax, donde late, arrullado en el beso de tu boca loca, noche a noche, este cascajo de corazón durmiente.


viernes

 

Fiebre de sangre

Desde los rayos que dejan pasar las lejanas puntas de los árboles, se armaban las manchas de luz en el piso, devolviéndole el verdadero verde que debería teñir este prado. El resto está montado de sombras y penumbras. A manera de ennegrecido deslumbrante, ya que las sombras en el borde del bosque poseen luminosidad. A cada paso, a cada movimiento, en cada detención, alargaba la mirada hacia el más adelante. No suena nada a esta hora. El pasto que crece a sus pies, la manivela de las lejanas copas de los árboles son los responsables del supuesto y fino sonido de marea. El circulo de la esfera de agua, en sus ojos, reflejan los espasmos que la traen hasta este centro de bosque. Una tras otra la contracción iluminada viene a encender la curvatura de su espalda. Piel y cascos de hueso en las delgadas patas. Mira hacia adentro. Entreabre la lengua para ventilar el aliento que trae. La estrangulada posición de sus cuatro patas de alfiler, la comprimen al suelo de cáscaras de pino. Otra vez, el comienzo del final de su cola deja salir una dosis de agua caliente y salada. El brillo de las cerámicas oculares. La relamida del muslo, la contracción, de la misma que están echas las inflamaciones de su enorme tripa. Corre sin avanzar, cae y se vuelve a levantar. No viene ninguna luz de ninguna parte y se raja esa bolsa que sale de su entrepierna oscura. La baba caliente baja hasta el piso de púas, otra vez, las puntas de patas salen por su abertura de carne y la quebrazón de su espalda, la gelatina caliente y el dínamo de esta afiebrada calentura, dejan salir hasta que cae en el suelo la pequeña maqueta de ella misma. Todo el remolino se viene encima, olfatearle la cabeza, lamer por horas la sangre que trae encima de su espalda y despertar a la escena de bosque que le rodea. La hembra de ciervo, levanta la cabeza hacia ambos cuatro puntos y comienza a masticar la placenta que aún cuelga de su espalda. La muele con sus molares y lame de sus piernas las manchas de sangre que marcaron la salida de su cría. El imán de sus ojos, vuelve a esforzarse en esa lúgubre profundidad de sus esferas, a medida que mastica su propia carne. Mastica la placenta y se traga a sí misma. El pozo de sus cuencas miran con fiebre toda esta oscuridad rota por los rayos de luz que caen entre las hojas. Helechos gigantes. Pozos de fiebre. Mascadora de carne. Y profundo sendero de fiera salvaje.


 

Oh Quijote
(historia de terror)


Por fin, en la pequeña tienda, viene a sellar el pacto que el pueblo hispano se ve obligado a cumplir, va descartando uno a uno todos los proyectos de adorno que le convidan, los elefantes de loza blanca y esos colmillos pintados en dorado, que aunque siempre le gustaron, ya no parecen convencerla, de nada, que no sea, que allí sobre ese lomo blanco y brillante, sobre esas pequeñas cabezas rodeadas de sus grandes orejas, se va a notar demasiado el polvo y tener que limpiar una manada de elefantes diariamente, será demasiado trabajo, es probable que sueñe con ellos y probablemente se apareen de noche, los mira de lado, solo con un ojo, el otro solo registra el perfil de su propia nariz, -Engañaste, Sancho, dijo Don Quijote, según aquello: quando caput dolet. Y están estos otros, cofres de madera con brillantes adheridos, cajitas tubulares y baúles, con clavetas brillantes, pero, de qué servirían, allí no cabe nada, no tiene mucho pero es más que lo que cabe en uno de esas ridículos cofres, avanza apretando su pequeña cartera de cuerina que cabe en su mano, todo el sudor , la laca, los conejillos de goma perlada, esas grandes caderas que ella misma tiene, para qué querría un buda, si se parece tanto a ella misma, sería un cuchillo auto propinado, regordura, buda. -Así que Sancho mío, volveos a vuestra casa y declarad a vuestra Teresa mi intención; y si ella gustare y vós gustárades de estar a merced conmigo, bene quidem. La decisión sería tomada rápido, después vino un barquillo de crema helada de paso al paradero de buses, una canción mexicana que habla de amores perros, que ladran en los campos, tres escalones y tres cuadras de cazuelas pequeñas, la llave del candado , deja sus zapatillas en la pasada, agua de cocina entre los grandes senos y un vaso de la misma agua entero. Por fin, dentro de la bolsa junto con la boletilla del precio, saca la figura, la mira de cerca y sorbe sus flemas fuertemente, un rasquido tras la cabeza y ya: puesto en el medio de la mesa, sobre una alfombra de paño bordado, para hacerle compañía al cenicero echo de caracol marino, la extraña tradición hogareña, frígida y brillante, el estirado bronce, de un viejo arrugado y de nariz aguileña, espada y lanza de bronce, oh quijote, deja de correr por el campo desierto, por fin, por fin, estás en casa.

jueves

 

Profundis

De ese corazón. De ese casco o de esa cabeza, echa con la caja de cartón, a la que le sacabas los espacios, en formas de cuadrados, a manera de ojos, para ver y que le agregaste, a veces, tiras del mismo cartón con forma de orejas y hasta de dientes, y corrías por la galería persiguiendo el mismo eco del sonido de tu voz de zumbido dentro de esa caja, de esa cabeza rectangular de papel crudo de panadería, de ese casquete con olor a caramelo de pan, de esa extraña luz que venía de todos lados a través del caramelo de papel caramelo. Caramelo de corazón. De tus barcos hechos con la cuchara y el tenedor, en la mesa de todos los días, de esos campos de batalla, entre las migas y las cabezas de las hormigas que rodaban para todas parte. De las casas de ellas, cubos de azúcar. Corazón. De la hélice tallada en el palo sobrante, del cajón de manzanas, del clavo y la rota de papel, que la unían al trozo del palo de escoba, corazón de palo, de verla girar con las resopladas de tu misma boca o las carreras por el espinazo de un patio solitario y campana, corazón, de todos esos vuelos de reconocimiento y de la sangre de naríz, de espaldas y el fondo ultramar de la cortina de cielo como techo. De los guantes de box echas de calcetas, y esas peleas con la sombra de tu esqueleto, corazón, de las trazas de tiza en el murallón crudo de cemento, de esas cabezas de loro, dibujadas con el tibio estilo de mordedura de lengua, corazón de tiza, de todos esos tambores, trompetas y flores en la bruma de vapor de tus ventanas, de esas perdidas miradas en el entramado del cielo raso, corazón mío, de estas heridas que se agrietaron en marcas de sangre dura, en las rodillas del ladrón de ciruelas y de tarras de leche condensada, de besos en tu propia mano y marcas de dientes en el borde de la mesa, de las sillas de pasto, de las colonias de flores y galletas de barro negro, de las navegatas en el pato de plástico y submarinos de jabón, de todo eso, corazón, de aquello que el jugo del juego te dio bebida, para salvarte de ti mismo, de aquello de lo que están fabricadas las largas sombras y las explosiones en tu caja de cabeza, cabeza de caja; la sangre de los vencidos en miniatura; de esa sangre y de esos besos; es que se alimentan, dia a dia, las profundas cavernas que tienes. Corazón de tiza. Caramelo de corazón.

miércoles

 

Enlozado


La costra de grasa es blanca cuando la sopa se enfría. Es frío el calentador, aunque tiene la manivela puesta en el máximo, lleva tiempo desconectado de su enchufe de alimentación eléctrica, es frío el canal de aguas que sube desde el fondo, a manera subterránea y cruza la ciudad y desde donde se bebe agua para regar todos estos camping, usados para adornar la brígida postal de una ciudad. Se enfría la moneda una vez que abandona la cuba de la mano y queda relegada al cajón, se enfría hasta quedar sumida en su naturaleza metálica y pierde el calor que tomó de esta piel. Fría es la lámina del espejo, es fría la pareja de llaves platinadas que traen agua hasta la espalda. De manera subterranea. La cama también se volverá fria, como si no alcanzara a abrazarnos tanto durante la noche y nos fuera soltando de a poco. Probablemente, más allá de la espalda del sol, todo está frio y calmo, quizás además oscuro. A manera de sombra extendida y gruesa. El ropero de congelar, al fondo de sus parrillas guarda una vieja hoja de lechuga y una porción de hielo domesticado, siempre dispuesto alrededor de las bolsas rígidas. La sombra del anillo de saturno, se proyecta sobre la muralla del salón y en el pasillo de los lugares vacíos. Todos los lugares del mundo son pasillos, que están cruzados unos con otros . Y las jorobas de los páramos de Plutón, enfrían el aire de todas las salas de estar y todas las salas de espera. Es frío el murallón de baldosas blancas, enlozadas con incrustaciones, el circulo de loza que sujeta las piernas a manera de asiento circular, ovoidal. Es fría el agua que viene y se va, para llevarse el orín, a la profundidad tubular del alcantarillado.

martes

 

Apocalypse Now
(versión citada entre comillas)

"...Es imposible que las palabras, describan lo que necesitan aquellos que no saben lo que el horror significa. Horror. El horror tiene rostro y debes hacerte amigo del horror. El horror y el terror moral son tus amigos. De lo contrario, son enemigos y hay que temerles. Son verdaderos enemigos.
Recuerdo cuando estaba en las fuerzas especiales. Parece que hayan pasado mil siglos. Fuimos al campamento a vacunar a unos niños. Nos marchamos del campamento luego de haber vacunado a los niños contra la polio y un anciano se acercó llorando y corriendo. No podía decir nada. Volvimos. Habían ido y habían cortado todos los brazos vacunados. Estaban amontonados. Una montaña de pequeños brazos. Y recuerdo que yo, yo. Lloré, sollocé como una abuela. Quería arrancarme los dientes. No sabía qué quería hacer. Y quiero recordarlo. Jamás quiero olvidarlo. Y luego me di cuenta, como si me hubieran disparado con un diamante. Una bala diamante en la frente. Y pensé, "Vaya, Es genial. El genio y la voluntad que hace falta para hacer esto." Es perfecto, genuino, completo, cristalino, puro.
Luego me di cuenta...de que eran más fuertes que nosotros. No eran monstruos por poder soportarlo. Eran hombres, conjuntos de jefes entrenados. Estos hombres lucharon con los corazones y tenían familias, hijos, estaban llenos de amor. Pero tenían la fuerza. La fuerza...de hacer eso. ...Si tuviera 10 divisiones de esos hombres, nuestros problemas aquí se acabarían muy rápido. Tienes que tener hombres, con moral y que a su misma vez, puedan utilizar...instintos primordiales...para matar, sin sentir, sin pasión, sin juzgar. Porque lo que nos vence es juzgar. Me preocupa que mi hijo, no entienda lo que he intentado ser aquí. Y si me mataran, querría que alguien fuera a mi hogar y se lo contara todo a mi hijo. Todo lo que hice, todo lo que viste. Porque no hay nada que deteste más que la peste de las mentiras. Y si me entiendes, harás esto por mí..."

domingo

 

Ballet de Trío

Primero la acorrala, la busca con la nariz, el más pequeño trata de adelantársele, llevan rato en esto, desde el comienzo del parque, se les sale la lengua, se le vuelan los pelos de las pelucas, saltan, se doblan y por fin, todo termina en el comienzo del afiebrado coito, la araña de sus patas la retiene contra su pecho, a ella pareciera ya no importarle mucho y solo jadea. Desde la alta ventana y ese pasillo de ventanas que todo colegio tiene, algo parecido a trenes puestos unos sobre otros, en este caso, de cuatro pisos, desde el tren de en medio y de la ventana cuarta, las dos puntas de la boca se fueron levantándosele al mirar allá en el parque de enfrente semejante escultura de carne y pelos en movimiento. Faltaban apenas tres minutos, de esos con sesenta capítulos cada uno, para que sonara el timbre y todas nuestras damas de colegio salieran a su colación y a fumar en ese mismo parque, eso le daba a esta extraña mañana por fin, el merecido premio de quiebre, que toda mañana de trabajo debiera tener, eso le trajo a su pecho más conforte. Sobre la frazada verde que se riega con calma diariamente, el gran perro rubio tiene que sostener por su entrepierna a esa pequeña perrita nublada o gris, que tanto lo esquivara en estos días . Junto a ellos dos, unidos por su sexo, otro perro de mediana estatura ladra y baila alrededor, a ratos ladra con mucha furia y otras pareciera que juega a arrullarlos. Todo este abrazo duró muy poco aún su fiebre, sin embargo allí fué puesta cola entre las colas y se han quedado así, "pegados", unidos en una inflamación de carne. Eran una gran perro con dos cabezas y dos sexos. Era un trío de baile japonés, un triángulo solitario, en espera, de algo que no sucedía nunca, alguna solución que no venía, solo el tercero baila y grita al parque, donde nadie recibe sus largos comentarios. La sonaja del timbre abrió las puertas a todas las alumnas que comenzaron a amontonarse en la entrada al negarse a salir las primeras. Desde acá arriba el olor a orines, a ropas húmedas de sudor de glúteo y espaldas abandonadas a su suerte. Olor a cazuela gritaba siempre el maestro de filosofía, de los ocho espacios que quedan entre cada dedo de los dos pies, desde donde esas ventiladas de queso humeaban los lentes y las ventanas. Al escuchar la ola de gritos, abrió la ventana para dejar entrar aire y pudo ver, al portero que persigue corriendo al trío japonés, ya devuelto cada uno a la independencia de su propio cuerpo, a solistas de coro de uno, con una escoba en alto y la marejada de estudiantas, que corre gritando tras estos cuatro por el parque. Otra vez las puntas de la boca se le fueron subiendo y hasta más de la cuenta, que aparecieron las cresta de los dientes y desde el trunco fondo de su vieja garganta, se escuchó la larga, blanda y sabrosa serie de carcajadas, que aún en estos días, a años de esto, resuena por estos fétidos pasillos.


martes

 

jueves

 

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(°una mañana de creacionismo, homenaje a Pierre Reverdy, retrato de Modigliani)

martes

 


Julia


Julia camina por la zanja de barro con su paquete de palos secos de leña y su chalequillo de lana apolillada. La leña le marca las manos y el alambre le corta la sangre. Recoge unas moras y las desecha al verlas mordidas de ratón. Está sola. Es casi un kilometro hasta la rancha de sus tíos. Desde la zanja se puede ver la punta de Lobos, donde cazan "gatos" de mar y se ve el esqueleto del aserradero inglés abandonado. Una vez compró una libreta de hojas blancas donde dibujar y fue completada con anotaciones de deuda en el mercado del pueblo. Entre su cara azulina y el horizonte vacío, la mortaja de viento gris y frío empuja los dientes afilados de grandes líneas de nubes. Al final del día, esas líneas rectas de agua, bajan por las ramas altas, de los árboles, atraviesan las paredes, salen por los ojos de su cara y son absorbidas por la almohada mugrienta. Recuerda la enredadera que vive ahora donde antes estaba la cama de su madre y a aprendido a lanzar sendos chorros de agua salina por los ojos en la oscuridad, en completo silencio.

sábado

 

El Espejo


Luego. Luego de que la garganta con serpientes y tuberías de culebras por la que veníamos, nos devolviera a travéz de las ventanas, nuestras fatigadas imágenes de gatos mojados y ausentes.Yo sería poeta cuando grande antes pensaba. Pensaba. La bóveda de luz marciana, de la gran estación cubierta de espejos; nos recibió. Las puertas se abren. Escucho un grito. Aunque quizás sea yo el autor del grito, no alcanzé a escucharlo bien. Y hubo una conmoción, conmoción, si, esa palabra me gusta, nadie la usa. Una conmoción popular en el vagón. El gran espejo que traía la puerta del centro del ropero de terciado, que es algo así como una madera delgada, me devolvía también todas las mañanas el retrato de mi pijama manchado con orín y hasta algunas viejas marcas de mierda seca. Luego estaba este otro junto a la mesa donde comía y masticaba com mi propia ensalada de baba, tenía los bordes de un aumento distinto y siempre traté de darle la espalda. Verme comer empapado en baba nunca fue uno de mis cuadros favoritos. El del baño es el más hiriente, con su foto de autorretrato impertinente. No debe ser mirado por mucho, pienso, que si se atreve, el que esta retratado, te puede hablar y eso está absolutamente prohibido. El Jardín de los Senderos que se Biburcan. Miro el muro forrado con este gran vidrio que tiene la ventana hacia lo mismo que tiene enfrente. Y todos estamos desnudos. ¡ Ja !, si, todos desnudos. Yo los veo así. A pesar de que de este lado, llevamos la ropa de etiqueta para el vals que nos espera, en ese salón de arriba. Habría faltado a la cita con mi “doctor de la mente”, como yo le digo, como yo le digo, para ver esos bellos cuerpos todo el día, esas caderas y esos glúteos de porcelana y un guardia que me conoce, eh, siempre se ríe de mí, me mandó a subir las escalas para obligarme a salir de allí. Arriba no hay nadie todavía, solo garzas aterrizando en la bruma de los jardines.


viernes

 

Vedette Celestial

Y sería conmovedor verla desnuda”. Y el calor es una nata que deforma las imágenes a lo lejos. Rebota en las láminas de zinc tres veces antes de penetrar los entretechos. Esa espalda. Los leones del zoo se desvanecen. Las cajetillas de los árboles de aromo que hacen clik al reventar. Ese vientre tan calmo. Este juego de calles al pie del cerro, que no es tan difícil de seguir. Los diez dedos turgentes. Se puede llevar una bebida fresca o hasta comprarla y beberla de paso. Esas mamas tan a gusto. Es media hora caminando relajado hasta arriba. Ese pie aplastando la severa y rendida cabeza de la cobra. Un maletín de cuero. Un combo o martillo de fierro. Un cincel de paleta. Otro de punta. Esos labios abultados. El resto sería acompasar los clic de las cajetillas de aromo con los clac de los martillazos. Al fin de la tarde, la virgen del cerro, tendría un estudiado, diminuto y delicioso bikini de temporada.


jueves

 

Juan Perdedor Gaviota

No aceptaron la invitación que pensabas hacer, ni galletas baratas o flores plásticas. Menos aún, que tomaras su mano. Un amigo te dijo que eras feo y hediondo, además de mal genio. Nunca te resultó como debía la frase correcta, en el lugar correcto, ni llegaste a conocer nunca a la persona correcta. Y mirabas por horas a los consejeros familiares y bostezabas por horas, tragándote la montaña de pruebas y exámenes que te hicieron para traerte a tierra y aterrizaras en salas de clases. La almohada de cemento de la calle donde afirmabas la cara, mientras la sangre se te endurecía y dejaba en su lugar una costra, te la pedían siempre para que la devolvieras al aparecer el sol por la avenida. Y aunque te aceptaran las flores y tuvieras hijos y una casita y un perrito de charol, te llamaba por las noches y a veces por las tardes la peluca negra, de debajo de la falda de la negra otra que era imposible que no llegaras a conocer y a enredarte con ella. Te fuiste un día, salieron a pedirte prestadas las alas y te las cortaron con la corbata y la cara. Te dejaron flotando en un canal, con la barriga reventada y palos metidos en la boca. Y la cara molida a piedrazos. Te mintieron diciéndote que esto y lo otro son amor y que debías darlo todo. Mientras nadie te dio nada a ti. Y te enviaron a la guerra de uniforme, para que defendieras las cosas que guardan en sus bodegas, los que abogan por la baba de las leyes. Y viviste en lugares inhabitables. En camas de cinco habitantes. 25 watts. Y neumáticos en el techo. Y aunque tuvieras ligas de seda y calculadoras de carey, amaneciste colgando del fierro del ropero. Dibujaste una carta de despedida tan tristemente redactada, con un mapa de sangre, en la pileta del baño. Conseguiste tanta soledad, tanto vacío, que hablabas solo y sola frente a nadie. Y deliraste encerrado en el hospicio. Y se te cayó la gracia y el don antes de usarlo. Y quizás nunca llegaste a tenerlos. Y se te fue dado llorar y hasta reír de todo esto. Y tendrías que aprender a perderlo todo, sin tenerlo. Pues no fue tuyo nunca, ni el aire que inflaría tus globos de papel, ni los panes dulces que comiste en el trono. La biología y la química de los números te cobrarían siempre la palabra. Y gracias a que nacieron tantos, como tú, el negocio de las tumbas ha prosperado imbatiblemente. Mientras más alto suben, inevitablemente caen, aunque no subieras nunca, caerías en picada. Te dieron cuarenta años. Y tu balsa, que fue el ticket de entrada a la mejor vida en el continente, se desarmó en la mitad del mar. No figuras en ninguna lista de aparecidos. Solo te bebió la bebida. Te consumió la desesperanza. Tantas alas te rodearon siempre, mas el yeso solo lleva alambres por dentro. Se te conocera como el "habitante desconocido" y no celebraremos para tí ningún monumento. Nadie guardará de tí un recuerdo. Y tu contribución al mundo, solo será una mancha, irreconocible, al fondo de un nicho fiscal.

lunes

 

Colon transverso

De la magnitud de la problemática en el asunto que olvidaste cuando todavía eras un niño y te colgaron de los hombros los mismos que te dieron por primera vez un golpe en la frente con la misma frente de aquel cabeza dura que ves de vez en cuando pasar en bicicleta frente al semáforo y que se toma la divertida gracia de saludarte con nada mas ni menos que todos sus dientes aún en su sitio de la magnitud de esa boca y de todas las otras que se rieron en bocanada popular al verte orinado entero en pleno salón de clases y la larga espera hasta el tiempo libre y la cola de todas esas bocas persiguiéndote por las escaleras rumbo al baño y nunca tuvo sentido ir allí pues todo había sido ya consumado entre los dobleces de tu uniforme de la seguidilla de incongruencias del canto de tu llamado padre y sus verdaderos partidos y la cabeza de la oscuridad de los ángulos de las líneas del techo y la encontrada línea vertical del muro y los miedos a los miedos y la ansiedad de la ansiedad la incongruencia de la seguidilla de actos de todo lo que viste en el mundo que cuadra a cuadra calle a calle que cada vez se agrandaba bajo tus raros pies antes hechos solo para arrastrarse cabeza plana o piel oscura o gritos al hablar o lento o rápido o callado o hablantín parejo o irregular las líneas de horizonte mostraban el final de la tierra y el comienzo del cielo otro conglomerado más de huecos vacío y posibilidades diarias o nocturnas consignándole la pertenencia de la noche al día licor de saliva ajena monedas contadas por las tardes avisos de transito cada espacio para su lugar cada cosa en su espacio hasta tu pareja arriba de tuyo cuando tú estés bajo ella y la línea de hormigas y los moscardones coleccionándote los ojos y la atención de la vista cálculos explicaciones en llamadas telefónicas al otro lado de la línea cabeza agachada día a día los años pasan volando pero los minutos son eternos kilómetros de distancia metros de cercanía parpadeos lentos subidas de párpado rápidas y globo ocular enrojecido carteles hasta casa carteles para llegar a ella o al punto más distante expeditos conglomerados análisis y conclusiones de diversa utilidad auunque la mayoría se vea superada rapidamente por lo que sigue sigue y sigue caballos en la sala de espera elefantes blancos de loza.


sábado

 

Arte Poética

Al leer el breve poema.
Me dice que no puedo escribir: “mientras la besaba en las tetas le mordía los pezones”
Sino que por ejemplo, “mi lengua carmín viajaba por sus montes”,
Él es poeta y escriba largas frases versadas, estudia para eso,
Lee profundos textos y concuerda a veces con la “corriente literaria”,
Dice, no puedes decir: “ella me pidió que lo metiera de inmediato”
Sino “ ella me pidió que le encendiera por dentro sus estrella”,
Yo solo escribo con faltas adrede a la poemaria veneciana, le digo.
Que una vagina es una vagina. Y una mano es una mano.
El calza sombrero y bebe grandes cantidades de cerveza,
Por el humillo que echa por su boca, vuelve a decirme:
No puedes escribir: “solo le doblé el calzón para metérselo sin sacárselos”,
Eso es terrible, de mal gusto, por ejemplo puedes decir:
“ sus prendas se desgajaron lentamente, eran las hojas de un árbol perlado “,
Mira, no puedes escribir esto: “me pedía que se lo hiciera más fuerte al apretarme las nalgas”,
Es muy triste eso, demasiado real , de una obviedad inaguantable, debes inventar,
La realidad debe ser embellecida por el oficium, todo está en estas páginas.
El verdadero poeta tiene el poder de dominar a la realidad, me dice.
No puedes escribir ahora: “estaba como loca, gemía en mi oído; tu pene es maravilloso”,
Demasiada realidad, debes ir más allá, eso se escribe:
“ella en sueños me hablaba de desiertos y ríos de pasión maravillosa”
Al golpear la mesa, me grita, no puedes escribir:
“ al eyacular quise llamarla perra caliente pero ella me llamó así antes”

jueves

 

Cerda Caminata

Aquellas veces no habían representado mayor problema regresar a casa con esos cuatro o cinco acompañantes, que aunque no hablaban con él, ni compartían nada con él, pensaba que caminando con ellos debía verse desde lejos, quizás de muy lejos, normal. Igual a una persona normal, como se les ha llamado siempre, sin embargo, pues su historia siempre había estado marcada por una lluvia de sin embargos, esa tarde, su estomago y esa rara forma de digerirlo todo, habían comenzado a tramar en su contra una sensación asquerosa. Y ya no era solo una sospechosa masa de aire, ni de eructos internos sino la peor de sus experiencias. A pesar de que trataba de mantenerse atento a la escasa conversación, se venían en forma de azulejos de baño, las imágenes de esa vez que se orinó camino a casa, hace muchos años atrás, cuando todavía dejaba a un lado el ajo de la sopa o esquivaba el ají en sus panes, así que esto debía ser solo una sensación pasajera. Atravesar la plaza central marcaba la mitad del camino a casa, así que si la sensación gástrica iba recién en la mitad de su intensidad, según sacaba sus cuentas, la cantidad de calles era la justa para llegar a la taza de su baño. Sin embargo, otra vez, en menos de una cuadra la sensación de defecar fue aumentada hasta el momento en que ya no se puede abandonar la presión ejercida por ambos glúteos. Todo fue en vano y sintió la amenazadora “punta de iceberg” emergiendo desde sus interiores, habría llorado, habría escrito cien veces, no debo beber agua fría recién comido, pero la primera porción de mierda se dejó vaciar suavemente, a lo que acompañó una seguida agua viscosa y extrañamente suave, quizás alcanzaría a generar una segunda barrera en sus calzoncillos, lo solido que ya tenía esa masa se detuvo, pero ese licor pestilente comenzó a calar lentamente en la trama de hilos, la chaqueta de su uniforme le tapaba toda la escena, así que estaba al menos desde afuera de incógnito. Alguien notó el olor de la mierda y el solo hizo el comentario de que parecía haber pisado y que no era gran cosa. Mentir siempre había sido lo suyo. No tenía caso ya, la masa de excremento había vencido la barrera “natural” y bajaba por su pierna izquierda más rápidamente que por la derecha, la sensación caliente y blanda lo venció y su resto de ego se derritió para licuarse junto a esa baba que se venía a sus zapatos desde lo alto.
De sí mismo no quedaba nada, cuando se separó de su último acompañante, él era la mínima expresión de un hombre, abrasado por la mierda empapadora y los quejidos gástricos que para él, ya no tenían importancia. Cruzar la entrada a casa y pasar frente a su madre, no lo liberó de llenar todas las habitaciones con esa nube de gas que le seguía y que marcó ese día como inolvidable. Los zapatos se llenaron de agua, solo el chaquetín fue dejado de lado bajo la ducha, bañarse con ropa era una arte desconocido para él, sin embargo la sensación de liberarse de la mierda parecía que siempre lo acompañaría, así degradado al estadio de una babosa, solo se limitó a gruñir durante las dos horas que le esperaban bajo el chorro de agua.

sábado

 



jueves

 

Artículos de tocador

Una navaja para cortar, aceite linaza y tarros de crisantemos. Polvillo de Nápoles para rellenar las líneas del mapa de la cara. Sombra de ojo, penumbra sobre los dos parpados. Esperlecente, mejor aún, tornasol. La esperma roja que gelatiniza los labios y los deja ubicados, uno sobre otro, sujetando ese quejido de rebuzno. Quejido de orgasmo, si es que existe tal cosa. Pintas para cada uno de los cabellos, de los pelos, pintas rojas. Pintas negras. Hasta pintas largas y blancas. Para cada uno de las pelucas, pelos pintados rojos. Esmalte de garra. Perfume de entrepierna. Crema de pezón. Talco de ojos. Resecante de lagrimal. Corazón con gomina. Dedal de colonia. Lápiz negro. Lápiz de mantequilla negra en el lunar, justo en medio de ese agujero. Afeite de monte. De base de brazo. Tijera plana para la pierna loca. Pinzas de toca platino. Corte de uñas de toca platino. Algodonadura para beber sangre en sorbos sordos desde la grieta blanda que sonríe de lado. Peluca y peluquín, castaño rubio o marengo. Máscara facial de cara y sello al mismo tiempo. Brazalete de himen, clítoris de pluma y de jade. Todo este cuerpo de maquillaje, de marquesina fluorescente, son las armas que acribillarán el degenerado, salvaje y suculento retrato original con el que naciste y bosquejan en tandas de dosis fuertes, en capas, la mascarada, brillosa y relamida: escenografía de teatro para rostro de mujer gata de garra o paloma de pluma, con el que te recordaremos siempre.

 

De la velocidad con que se retoma la seriedad en el rostro, luego de mostrar los dientes al pasar junto a una antigua conocida.



Nunca iría a la función de circo, preferiría oír por la noche a los leones en sus jaulas rugiendo. A esa hora en que los monos duermen, también en sus cubos de paredes de barrotes y hasta los elefantes han dejado de mecerse y por fin descansan, de seguro soñando cabalgar por los prados de la sabana africana. Al fin del pasillo de detergentes, con este aroma a burbuja seca reinante, aparece tu cabellera empujando un montón de colores, pero eres tú, como lo haz sido desde el día en que te presentaron en el baile, inmediatamente anoté tu nombre en mi libreta de baile, algún día deberé bailar con esta delgada cortesana. Siempre he querido verte mostrándome la tremenda peluca que debes tener entre esos muslos de pierna de ganso. Que no debe tener plumas ni lagartos, sino más bien ese preciado cangrejo que estoy seguro que tú tienes. Mezclada la tenaza mordedora y las láminas de carne rosa y mojada. Rosa y mojada, una combinación extremadamente única en todas las entradas y salidas a estos cuerpos de cera que tenemos los dos. Tan poco, pero tanto a la vez. El contador anota 20 pasos y disminuyendo la diferencia. He querido sujetarte esa pancita que se levanta a veces y canjearte esta senda cara de pescado que tengo, por que me dejes trazar una carta de viaje , que nos indique los puntos obligatorios donde quedarse o seguir, en el segmento que va desde tu ombliga y el final de la parte anterior de tu cuerpo de máculada, yo sé que como toda majadera, también se te ha pasado por la cabeza. Quizás a manera de flash, muy rápido. O quizás en forma de islote al cual nadas cada vez que estás dándote esas duchas que de seguro te das. 15 pasos. Aunque eso es improbable por que te he buscado la apuesta al final de los boquerones por los que miras y siempre es la misma, parece. La casa no paga. No va más, ampolletas rojas encendiendo y apagando, retire su apuesta si no está seguro. De seguro que la perderá igual, una corrida de bailarinas con arco de plumas blancas todas abrasadas y levantando las piernas, suena en el parlante que le da brillo a tus boquerones. 10 pasos largos. Siempre he querido verte mirándome por sobre tu hombro mientras apoyas tus manijas en tus rodillas y enseñas la bella peluca que debes tener entre esos muslos y esos glúteos de plátano fresco, con la dureza justa en cada uno. No necesitas abrir las piernas ni dejar de sonreír. Sé que te ríes de mi cara de moquete, mientras veo esa golosa figura con la que debes andar entre piernas. 7 pasos largos. Quizás tú no le das importancia, ni siquiera reparas en ello, pero tener esa tremenda laguna blanda y calma, te hace muy tierna. Galáctica . Incomparable a ninguna otra mata de pelo. A ninguna peluca de payaso ni a ninguna depresión intermedia. Siempre he pensado que dejaría todo para después, no contaría calles vacías, ni le haría nudos al pelo que tengo sobre las orejas. 3 pasos largos o seis cortos. Solo cubriría con la palma de la mano todos esos peluquines suaves y los ordenaría junto a la línea de la vida de mi palma derecha. Así de arriba hacia abajo, rayándome las marcas de suerte. Sé que me haría efecto inmediato. A 2 pasos como sonámbulo borracho. Que contendría todos los tigres que tengo acá en estos cercos. Lo sé. 1 paso largo o corto. La secuencia de cuadros muestra tu rostro abriendo paso en la boca a toda esa hilera de dientes y esa lengua de calamar emite el sonido de mi nómina seguido de un gesto de pata de gallina en los ojos. Yo te devuelvo el mismo efecto de cegatón en los ojos y el gruñido de saludo es tan tristemente calculado que va acompañado de unas fotos espléndidas de ansiedad pilucha y falsete. Ahora estamos en el cero absoluto. En la línea del ecuador para llegar a sujetarte a lo menos uno o dos orgásmicos espasmos de galaxia. Y la cabeza de tu cuerpo. Apenas ocupa medio cuadro en este film de película auto inflingida. Y pasa en cámara rápida. El resto es solo tu espalda que pasa en mi película, botando todos los frascos de miel y se pierde en el pasillo de licores caros. Ahora las puntiagudas comisuras de la boca van cayendo a la posición de desencanto y horizontalidad perpetua. Quisiera ir a beber agua fría. Ir a escuchar a los leones rugiendo en sus jaulas cuando todo el mundo se ha ido a sus casas. Por eso es que duermen de día. Ir a coleccionar tazas de té frío a medio llenar. A caminar en off.

viernes

 

Liquidambar

Hace tres horas atrás, luego de que se levantara. Y que lo ayudaran a peinarse y a atar sus zapatos. Salió al jardín que está enfrente de la calle, sabe que es muy temprano para él, que a pesar de que tiene un gran cuerpo, siempre le han dicho que tiene los pulmones débiles. Que la voz le sale de colibrí. Cuando habla. Porque solo mira, dices tú. Como cantando, ¿Qué miras, qué miras, tremendo? Dices tú. Ahora ya no puede salir. Y otra vez la rama se ha movido. Sabe, que son tres horas completas y eso es mucho tiempo, como lo creerían todos. Ya que solo se trata de barrer hojas y barrer los papeles plásticos que se quedan enredados en el pasto. Pero lo considera un tiempo justo para la cantidad de hojas que caen por la noche. En estas noches de viento sobre todo, tú duermes tranquila porque de seguro abrazas a tu almohada y te hundes en la cama que te ayudaron a subir. Esa cama de bolos de cobre. Siempre le ayudas abriéndole la puerta y la reja, girando la llave, tu bata huele a muñeca. De esas muñecas rojo claro. Barrer las hojas es mucho trabajo. Arrastrarlas poco a poco a una ruma central e ir poniéndolas en una bolsa. Siempre comienza por el borde de la calle. Ahí es donde se acumulan muchas. Y las del pasto se barren empujando unas con otras. Y así el verde va quedando parejo. La sarta de hojas, dicen que son bellas. Para él solo son una molestia, es más, cuando el otoño esté más entrado, necesitará más de tres horas. Luego de que lo levantes y le ayudes preparándole la jarra de leche caliente. Si deja pasar un día, las hojas se resecan y al pisarlas, crujen y al crujir se parten en pedazos, pedazos muy difíciles de barrer del pasto. Así que mientras estén rojas y amarillas, será fácil barrerlas. Se retiran a veces con la mano y se juntan en la misma mano, es más fácil devolverle el verde al pasto así. Las más desarrolladas tienen siete puntas. Otros dicen que por eso traen buena suerte. El no cree que sea así. Desde la ventana por la noche se puede ver el pasto llenándose de hojas, parecen estrellas, luego de que la bisagra que cada una de ellas, de seguro tiene, se revienta con este viento. No le gusta cerrar los ojos, porque lo que se ve así es más oscuro que la noche. Nunca te diría que parecen estrellas, te reirías de él y corriendo por el pasillo, chillarías. Tremendo cree que las hojas son estrellas. Tremendo duerme con los ojos abiertos. Tremendo cree que yo lo quiero. Seguro que le sacarías eso, no debió preguntarte si le querías. Más que a tu abuela. No te contaría tampoco que tienen olor por dentro. Ni volvería a pedirte nada. Sabemos que le dieron este cepillo metálico para las hojas. Pero son muy difíciles de barrer. Y aunque esté toda la mañana en eso y espere todo este tiempo a que caigan todas, no pasará nada. Siempre, siempre, la rama, como la llama, esperará a que entre, a que guarde el cepillo junto al fierro de la puerta, le laves las manos y le pongas acá sentado frente a la calle, esperará todo eso para soltar una de las más grandes de la copa o un par de esas pequeñas que son más amarillas. Que se demoran mucho en caer. Ensuciando otra vez el pasto. Lo sabemos. Lo ha sabido siempre. La rama lo hace naturalmente para reírse de él.

jueves

 

Pico y zorra se aman

¡ Basta ya ¡ Esto es demasiado sano, demasiado honorable y digno, que da pena, día tras día, enganchada a un carro de tren que vagará por esa vía hasta que termine chocando. Por que todos los trenes terminan chocando, aunque no choquen nunca con otro, chocarán con una muralla, donde los dejan para que se pudran. Basta ya, quiero algo más, o menos, no lo sé. Pero lo quiero, lo quiero. No puede ser que todo esté dicho ya para mí y que solo me quede llenar un formulario, que hasta trae las respuestas en la parte trasera. Oye, cállate, por qué me lo dices a mí. Qué te he hecho yo, para que creas que tendrías algo más en la vida. Si solo se trata de una sensación cerebral. Cerebral. Entiendes acaso. Ese garbanzo blanco que vive dentro del cráneo es el responsable de todo. No tienes que venir a decírmelo a mí. Mejor ponte esos delantales tan floreados que tienes y nos haces un pastel de aceituna. O mejor aún una ronda de leche en polvo para todos. Pero, pero, esto es una verdadera mierda, ¿ leche en polvo quieres ? ¿aceitunas?, palo de carne con pelotas colgando, solo eres una varilla echa para fallar, una rama seca de un árbol más seco todavía. ¿ Y tú? una entrada a una laguna de carne solamente, una babosa suavidad que tiene dientes al final del recorrido y que igual vas a cobrar tu parte. Quiero algo emocionante. La vida no es un tobogán de caída libre, aburrido y agonizante. Pero si eso es, solo eso. Ven déjame quitarte esa sensación de vacío que tienes, todo va a estar mejor así. Después de todo solo eres un vacío a llenar en el mundo. No, no soy eso, al menos no todo el tiempo. Quiero saber donde está la parte que me falta. Pero si soy yo, cosa. No, tu no eres, no tienes más que un solo ojo, que llora esperma derretida. No sabes nada de algo fino, algo misterioso o pasajero, para ti todo será útil y calculado. Bueno si para eso estamos juntos. ¿ No?. Para hacer de copa medio llena o medio vacía. Y todas esas figuritas para analizarse. Somos el uno para el otro. Vamos no te quedes callada mirando por la ventana hacia ninguna parte, déjame tocarte los labios y nos besamos hasta reconciliarnos, luego leemos el diario, comemos algo y sumamos y restamos y mañana denuevo. Y denuevo. Y denuevo. Te odio, palo monóculo. Yo no, molusco labial.

viernes

 







Autoretrato de cuerpo entero y mirada lasciva


Solo comenzó a desvestirse, es un acto que ha hecho toda su vida. Pastizales húmedos con manchas de patos en lagunas frías, en costras gruesas de un óleo agrisado. La finalidad esta ves, quizá sería terminar en la ducha o vestir ropa de cama, pero es demasiado temprano para ello. Bajo esa capa de algodones y de lanas, en capas de abrigo, suéter y camisa, hay un par de hombros grandes y su pecho tiene las marcas de los huesos que empujan hacia arriba una simétrica andanada de relieves. El barretín de la pieza de género que cubre sus senos y la bordada línea de los calzones fueron tirados de manera que se alejaran del cuerpo hasta que todo quedó al descubierto. La cajetilla plástica de imitación metálica fue acomodada en el ángulo que correspondía y dio tres rápidos pasos antes de que el disparador automático lanzara su vistazo. Grupos de árboles oscuros en el horizonte, quizás esa mancha más clara sea un camino, donde está claro, hay un hombre de espaldas caminando hacia la parte más oscura, pero la poca luz reinante en la escena alcanza a marcar su contorno. Y el olor de la aceite linaza y pintura aún permanecen. Al llegar a su puesto, el centro del escenario para una foto, abrió un poco las piernas y sonrió entregada a la perversidad de la trama que la contenía. Un retrato de cuerpo entero desnudo y mirada lasciva. Una y otra vez, volvió a repetir la escena, de espaldas, con los senos entre los brazos, tendida hacia todos los lados de sus piernas, la secuencia de automáticos que la cámara dio fueron veinte y para todos ellos, ella contó con tres segundos para retomar la forma de mostrar cuanta perversidad podía lograr en el rostro. De pié entrecerrando los ojos de su carne interior y de su envoltura exterior. Tendida sobre los huesos que permiten sujetar el aire y los latidos, mostró por donde se llega a sus paredes y sus labios dobles de beso oscuro. Se podría decir que jugó con su cabello púbico de manera muy violenta, lo que haría la foto borrosa en esa parte. Las líneas escritas y las aún en blanco de sus posturas abiertas. Quizás esa manchas más pequeñas en el pequeño cielo abierto que queda, sea una bandada de patos o palomas, quizás. De rodillas no para pedir ningún perdón, ni para acercarse a nada, solo de rodillas, armando un monumento para glorieta de plaza, donde podrían venir a beber los gorriones y hasta donde se pudiera venir a pedir deseos lanzando monedas en ella. De postal europea y cuellos de jirafa. Cangrejo morboso. Unas pelotas tibias o más aún, calientes por el sol. Así. Un retrato se confecciona poniéndose en posición de convencido, si este es de intenciones azules o de mantas para cubrir la ingle de crepúsculo y paisaje distante con horizonte oscuro, nubes más oscuras aún y las puntas en aristas de la luna vaginal. El marco de la tela es de un viejo dorado de nogal pareciera y la firma no se puede leer, pues las letras se integran a las sombras de los primeros planos. Más abajo de su cara, que ya es sabida con todas esas fotos que coleccionarían sus familiares, sin su consentimiento, cuando era niña, sin ese uniforme de ganso para ballet ni toga de gimnasia, están las quijadas del pecho y los senos maduros. Y luego las caderas y las piernas para concluir el retrato hasta el piso. Uno puede llegar a tener un calendario de sí mismo. O una colección de lapiceras a los que se le bajen las faldas de tinta. Una carpeta con saludos del himen. Paladar. Al conectarse a la pantalla de la televisión, la secuencia de posturas quedó programada en “repeating”. Mientras las fotos de sus paredes de carne se mostraban, ella muerde ahora la manzana de cera que queda, sentada en el borde de la cama, mira hacia la calle, hacia el tráfico y su paisaje plano y aburrido de techos de autos. Crepúsculo o nocturno debería llamarse, ya que hay muy poca luz en él y mucha, mucha sombra, que es extrañamente, luminosa igual.

sábado

 



Laika

Conseguiste un pasaje de por vida en el espacio. En el espacio que queda entre las tantas partes que tiene un cubo que es esto del cielo. Tu carro ya no necesitará probablemente combustible. La inercia es el mejor combustible del mundo. Y del cielo. Esperábamos que tu bala de acero inoxidable en la que ibas no hubiera sido disparada tan violentamente. Y esperamos que tu cubículo haya sido dotado con todo lo que se necesite para dejar la tierra por tanto tiempo. Laika querida, querida Laika. Odiado sputnik. Bésanos por las noches la frente. Lame de nuestras manos esta limpieza. No seas como esa perra que robaba cabezas de vacuno de las carnicerías y que no las compartía. En algún momento debes haberte quedado sin aire, sin forma de llamarnos o de volver a nuestro jardín trasero, donde comeríamos juntos alas de paloma y canastas de cuasar. Apostamos a que lloraste por largo tiempo, en forma de pequeños gemidos al principio y más tarde en secuencias de largos aullidos. Y que te desprendiste de tus correas. Para mirar por la ventanilla la costra de este planeta alejarse de tu alcance y nos llamabas rascando el marco redondo de esa ventanilla con tus largas uñas negras. Laika, te ofrecieron medallas, apostamos, una larga vida en el muro de los galácticos. Y solo conseguiste una piscina con tus propias bolas de estiércol. Una taza llena con tu orina verdosa. Los rayos magnéticos de señal que te enviaban para saber de ti, rebotaron todos contra la rajadura que dejaste en el cielo. Y que fue por donde se escapó todo el licor con el que podríamos habernos borrado mientras esta pelota cayera a pedazos. Ahora solo nos queda tragar saliva. Laika, perra. Perra maestra. Apostamos a que mordiste la palanca de control hasta romperla. Y diste un gran cabezazo al estrangularte con la cola. Perra. Tu esqueleto todavía emite rayos gamma y tus tetillas todavía entregan leche en forma de polvo lunar.

lunes

 

Piel de ciervo
La caballa permaneció con la blusa un poco desabotonada y los zapatos puestos. No hacía frío y tenía todo los necesario: una navaja de afeitar, espuma y una tinaja pequeña con agua. Se había maquillado recargadamente, el brillo sobre los ojos y la nube rosa en sus mejillas le daban, bajo la única lámpara que cuelga del techo un aspecto de oscuridad. Al borde del círculo de luz, su acompañante, que estaba completamente vestido, la miraba con su par de ojos. Se movió muy poco, solo un par de pasos y unas vueltas con el pelo suelto. La caballa, sabe lo que le gusta a él, por eso se lo da en pequeñas dosis. Así que caminó hasta el borde luz y dándole la espalda se agachó hasta tocar la punta de los zapatos. Las piernas de caballa, se podían ver en toda su extensión. Que eran largas, desde los zapatos hasta las caderas. Y en este final de grandes glúteos aunque proporcionados, esa gran vagina. Por esto ella giró muy rápido y su espectador apenas alcanzó a fijar esa imagen de labio vertical y suavidad caliente. La caballa, toma la navaja, toma la espuma y se rapa lentamente, se afeita el pubis lentamente. Lentamente. Lentamente. La caballa abre las piernas para afeitar la parte final de su gran vulva, luego la lava y la repasa. Hasta que todo ese lugar queda entero cubierto solo por piel. Sin cabellera ni peluquín de cierva. Se seca los pliegues de esta abertura y la deja respirar unos segundos.Vuelve a girar en la punta de sus pies y se pierde en el círculo de sombra que va más allá por el pasillo hasta el dormitorio.


 

La Liebre (Lepus europaeus)

La momia de una liebre seca en la carretera nos muestra sus dientes y esa sonrisa falsa de muñequillo falso, los ojos secos no ven como camina el pasto por dentro suyo, sus afiladas garras no corren por esta ruta que se desvanece, pues una criatura momificada no besa ni ríe, ni pereza ni descalza, ya de tan asoleada se endurece, se ablanda con la lluvia, pierde la bella peluca rubia. El cuero de la momia sirve para tambor de patriota, toda la patria esta llena de momias que pastan secas en una carretera, héroes sin dientes, mascaras falsas de metal. La liebre le gana la guerra al monumento de fierro. Momificado están los órganos, la parte que produce el chillido. Nadie le levantará una estatua a la liebre y ella se reirá siempre de todas nuestras patrias, de todos los orgasmos, estirará más la pata larga de los saltos mortales, alargará mucho ambas orejas de canoa amarilla, se negará a pudrirse, igual a la patria, ella solo se secará, se ablandará con la lluvia, perdiendo día a día su peluca rubia. El esqueletillo está intacto bajo su piel de hoyos, si se pudiera retirar una a una las partes de hueso, serviría para algo constructivo al volverla a armar Pero ella solo se ríe del modelo que resultaría si la patria fuera solo un modelo de liebre guardado en una transparente caja de vidrio.

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